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Lenguaje Natural

 

 

1.     Introducción.

2.     Ambigüedad: Polisemia y Homonimia.

3.     Sinonimia.

4.     La Autorreferencialidad.

5.     Lenguaje Objeto y Metalenguaje

6.     Discursos sin Referentes.

7.     La Necesidad de un Lenguaje Formal.

 

Introducción Filosofía
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Epistemología
La Actividad Científica
Lenguaje Natural
Lógica Enunciados
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1.          Introducción.

Quizá la característica más definitoria del ser humano sea su capacidad de pensamiento. Nuestro pensamiento se expresa generalmente en forma de oraciones a través del denominado lenguaje natural.

El lenguaje natural es el lenguaje con el que nor­mal­mente nos expre­samos, en nuestro caso el castellano. Dentro de esa capacidad expresiva del lenguaje natural se encuentra la posibilidad de expresar sentimientos, narrar acontecimientos, dar órdenes, expresar razonamientos, etc.

La función del lenguaje natural que nos interesa aquí es la de realizar argumentaciones. Y la cuestión es que, si bien es cierto que nuestro conocimiento de la existencia de argumentaciones se da al verlas expresadas en el lenguaje natural, sin embargo, ese mismo lenguaje natural tiene una tal riqueza expresiva que, aunque le hace enormemente útil como vehículo comunicativo, le hace al mismo tiempo inadecuado para estudiar en él las argumentaciones.

Hasta tal punto es así que los lógicos van a construir un lenguaje propio —del mismo modo que los matemáticos construyen su lenguaje matemático— donde poder expresar con eficiencia su objeto de estudio, y facilitar así su análisis.

La cuestión que aquí vamos a tratar es la de qué propiedades presentan los lenguajes naturales que les hacen especialmente inapropiados para poder estudiar, a través suya, el objeto de estudio de la lógica que viene a ser el de las argumentaciones o deducciones.

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2.          Ambigüedad: polisemia y homonimia.

Una expresión lingüística es ambigua cuando puede significar cosas distintas. La ambigüedad es una característica típica de los lenguajes naturales.

La ambigüedad en el lenguaje escrito ocurre cuando varias palabras, o expresiones, que mantienen significados diferentes se expresan con los mismos signos gráficos.

Por ejemplo la palabra "banco", que puede referirse a un mueble para sentarse o a un establecimiento financiero.

En el lenguaje oral sería cuando se da el mismo sonido para distintos significados.

La ambigüedad puede denominarse homonimia o polisemia.

Se dice que hay homonimia cuando las palabras con idéntica grafía pero diferente significado no tienen ninguna relación de significado entre sí.

Ejemplo de homonimia es el que se da entre las palabras "nada", como forma verbal del verbo nadar, y "nada" como palabra que designa la ausencia de algo.

En cambio la ambigüedad se denomina polisemia cuando las palabras que mantienen la misma grafía, aunque distinto significado, sí tiene una relación significativa entre si.

Ejemplo de polisemia sería el que se establece entre las palabras "pico" referido al pájaro, o "pico" referido a la cima de la montaña. Ambas significan distinto pero mantienen una relación común de significado: la prolongación alargada en forma de cono.

Ya sea debido a la homonimia, o a la polisemia, podemos encontrarnos que ciertas expresiones del lenguaje natural son ambiguas.

Respecto al tipo de expresiones la ambigüedad se divide en equivocidad y anfibología.

Cuando el segmento lingüístico ambiguo es una sola palabra hablamos de equivocidad.

Por ejemplo el término "hombre" puede designar al ser humano en general o al subconjunto de los varones. O la palabra "gato" puede querer referirse al animal o una herramienta para levantar pesos.                               

Si el segmento lin­güís­tico ambiguo es una oración se denomina anfibología:

Por ejemplo, la oración "El libro de Torrente Ballester es rojo" puede querer designar un libro escrito por Torrente Ballester, o un libro de su propiedad.

Otro ejemplo podría ser "El perro de Paulov es muy listo", que puede estar refiriéndose a un perro cuyo propietario sea Paulov, o bien estar llamando a Paulov "perro".

La ambigüedad que permite el lenguaje natural puede provocar que argumen­tos incorrectos pasen por correctos.

Un ejemplo de esto es el argumento del encubierto. Ese argumento dice lo siguiente: "tú no conoces a esa persona cubierta por un velo, pero esa persona es tu padre; luego tú no conoces a tu padre."

Ese argumento es un caso de anfibología que se basa en que la oración "tú no conoces a esa persona cubierta por un velo" puede signi­ficar dos cosas:

a. Tú no conoces a esa persona por estar cubierta por un velo

b. Tú no conoces a esa persona independientemente de que lleve o no velo.

Cuando se nos dice "tú no conoces a esa persona cubierta por un velo" entendemos que esa premisa es verdadera porque estamos entendiendo el significado a., pero cuando se concluye: "luego tú no conoces a tu padre" se está concluyendo a partir del significado b.

El lenguaje natural, al permitir las expresiones ambiguas ya sean polisémicas u homónimas, oscurece la forma lógica de los argumentos pudiendo llevarnos a error.

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3.          Sinonimia.

Inicialmente podría afirmarse que la sinonimia no debiera ser un factor que distorsione de forma grave las argumentaciones, aunque es claro que introduce una redundancia que contribuye a la oscuridad del lenguaje.

El principal problema de la sinonimia quizá se encuentre en las dificultades que presenta precisar con claridad su significado.

Lo primero sería distinguir las expresiones sinónimas de aquellas expresiones que meramente se estén refiriendo a las mismas cosas.

Para que dos expresiones sean sinónimas deben de estar refiriéndose a las mismas cosas o hechos, pero aunque eso es necesario que ocurra, aún no es suficiente

Por ejemplo, la expresión "el autor de las Novelas Ejemplares" y la expresión "el autor del Quijote" designan al mismo individuo —Cervantes. Pero que ambas expresiones se refieran al mismo sujeto no las hace sinónimas; es decir, las expresiones significan cosas distintas, sólo que, casualmente, designan al mismo sujeto.

Durante siglos se consideró que el primer lucero que se podía ver en el cielo por las mañanas —lucero matutino— era un astro distinto del primer lucero de la tarde     —lucero vespertino—, con el tiempo se comprobó que ambas expresiones se referían al mismo objeto —Venus— aunque cada una signifique algo distinto.

Por tanto, una forma más exacta de definir sinonimia haría que dos expresiones fueran sinónimas cuando no sólo tienen el mismo referente sino que se refieren a él con el mismo sentido; es decir, con el mismo significado.

Sin embargo, eso no evita los problemas. Puede haber palabras con el mismo referente y que comparten algún significado pero que, debido a las connotaciones –significados asociados que el uso pragmático del lenguaje conlleva- sigan sin compartir todos sus significados, y por tanto sigan si ser sinónimas.

Por ejemplo,  ¿tienen el mismo sentido las palabras "confidente" y "chivato"? Cuando se utiliza la palabra "confidente" no se incluye, en su uso, ninguna carga negativa, pero si se utiliza la palabra "chivato" sí.

No parece que la expresión "Juan es un confidente", dicha por un policía, signifique exactamente lo mismo que la expresión "Juan es un chivato", dicha por un delincuente. La segunda está dando una visión peyorativa de Juan, pero la primera no lo hace.

Aún podría intentar precisarse el significado de sinonimia en el lenguaje natural indicando que tenemos tal propiedad cuando dos expresiones tengan el mismo referente, sentido y connotación.

El problema está en que las connotaciones son significados especiales que se asocian a la palabra dependiendo de los contextos, en ocasiones subjetivos; y señalar dos palabras de un mismo idioma, que tengan la misma connotación para todos los contextos, parece una búsqueda imposible

[1].

Por tanto, nos encontramos con una característica del lenguaje natural que, además de producir oscuridad en las argumentaciones, puede llegar a ser causa de falacias al deformar la estructura lógica de la argumentación.

Por ejemplo, si en una argumentación del lenguaje natural tenemos algo así como:

1.        Si el comisario Juan insulta a Luis éste se enfada.

2.        “Chivato” es un insulto

3.        El comisario Juan llamó “confidente” a Juan

¿Podríamos concluir que “Luis se enfada”? Si “confidente” significa lo mismo que “chivato” tendríamos que decir que sí, pero es posible que Juan no se enfadase porque “confidente” no es un insulto.

La dificultad para precisar cuando hay o no hay sinonimia entre expresiones dificulta establecer soluciones que puedan ser eficaces en el lenguaje natural.

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4          La Autorreferencialidad.

Los lenguajes naturales no disponen de una sintaxis precisa que proporcione un conjunto de reglas completo para la formación de enunciados.

Por ejemplo, la sintaxis afirma que para formar oraciones del castellano hay que poner un sujeto y un predicado. Pero eso es insuficiente, porque la siguiente expresión: "mesa resume temblorosamente" respeta esa regla sintáctica, pero no es una oración con sentido del castellano.

Para solucionar esas deficiencias los gramáticos de los lenguajes naturales apelan al "buen sentido" de los hablantes. Pero a la hora de estudiar argumentaciones ese "buen sentido" deja de ser suficiente.

En cualquier caso, la ausencia de reglas precisas sobre la formación de oraciones en los lenguajes naturales hace que éstos puedan utilizarse para hablar de sí mismos; es decir, puedan ser autorreferenciales.

Y es esa autorreferencialidad la que permite la aparición de paradojas como la paradoja del mentiroso.

Existen muchas formulaciones de la paradoja del mentiroso, la más clásica es la siguiente: "esta frase es falsa"

Si la frase entrecomillada es verdadera entonces es que, como ella misma dice, es falsa; lo que es contradictorio, ya que si es verdadera es falsa. Pero si la frase entrecomillada fuera falsa, entonces es que lo que ella dice no es cierto, pero lo que dice es que es falsa, luego como eso no es cierto tendrá que ser verdadera; con lo que de nuevo llegamos a una contradicción: si es falsa es verdadera.

Una forma distinta de esa misma paradoja es la siguiente:

1. "La oración de abajo —la numerada como 2— es verdadera"

2. "La oración de arriba ­—la numerada como 1— es falsa"

Si suponemos que 1 es verdadera, entonces, como ella misma dice, es que 2 también lo es; pero 2 dice que 1 es falsa, luego si 1 es verdadera es que es falsa. Y si suponemos que 1 es falsa es que lo que dice no es cierto, pero 1 dice que 2 es verdadera, luego como suponemos que 1 es falsa 2 no será verdadera, sino falsa; y si 2 es falsa lo que dice 2 no será cierto, pero 2 dice que 1 es falsa, y como eso no puede ser cierto sale que 1 tiene que ser verdadera; luego si suponemos que 1 es falsa sale que 1 es verdadera, lo que también es contradictorio

[2].

Una tercera formulación de la misma paradoja del mentiroso se da en el conjunto de las tres siguientes oraciones:

1. "Esta oración contiene cinco palabras."

2. "Esta oración contiene ocho palabras."

3. "Una de las tres oraciones —y sólo una—es verdadera."

La cuestión está en si la oración número 3 es verdadera o falsa. Siendo la número 1 siempre verdadera y la 2 siempre falsa, ocurre que si 3 fuera verdadera entonces sería falsa, ya que ella dice que sólo una de las tres oraciones es verdadera y entre la 1 y la 3 serían dos oraciones verdaderas. Pero si decimos que 3 es falsa, entonces ocurre que lo que ella dice se hace verdad, ya que entre las tres sólo una, la número 1, sería verdadera, y eso es lo que dice 3, pero entonces 3, si dice lo que ocurre, no tendría que ser falsa…

En cualquiera de los casos vistos nos encontramos con una misma característica que termina por ser el origen de la paradoja, y es la capacidad del lenguaje natural para hablar de sí mismo. Y es esta posibilidad, al no evitarse por carecer de reglas precisas de formación de enunciados, la que permite generar ese tipo de paradojas.

Para resolver este tipo de paradojas deberá establecerse una distinción entre lenguaje-objeto y metalenguaje, y una prohibición basada en ella que impida tomar como un frase bien formada aquella que no esté totalmente formada en un lenguaje sino en una mezcla de varios.

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5.          Lenguaje Objeto y Metalenguaje.

El lenguaje objeto es el lenguaje que habla acerca de los objetos del mundo; de los seres y las cosas que encontramos en el mundo.

Metalenguaje significa etimológicamente más allá del lenguaje, y es un lenguaje que habla acerca de lo dicho por otro lenguaje, en principio por lo dicho por el lenguaje objeto.

Por ejemplo; "El puente está hecho de acero" es una oración del lenguaje objeto, ya que no habla sobre entidades lingüísticas, sino sobre objetos del mundo. Sin embargo, la oración que dice "La oración <El puente está hecho de acero> contiene seis palabras", es una oración que no habla sobre objetos sino sobre lenguajes, exactamente sobre lo dicho por el lenguaje objeto. Y por eso se dice que esa oración está dicha en el metalenguaje del lenguaje objeto, queriendo significar con ello que el Metalenguaje es un lenguaje distinto del lenguaje objeto.

Naturalmente puede establecerse un lenguaje que hable sobre lo dicho por el metalenguaje.

A ese nuevo lenguaje se le denomina Metalenguaje I. Y de igual manera, y de forma recursiva, podemos ir generando nuevos metalenguajes de orden superior que tomen como lenguaje objeto el metalenguaje anterior.

A que todo metalenguaje pueda constituirse en el lenguaje objeto de un metalenguaje de orden superior se le denomina jerarquización de Tarski.

A su vez, la frase "Cuando leí <La oración 'El puente está hecho de acero' con­tiene seis palabra> comprendí la distinción entre lenguaje y metalenguaje" es una oración que habla sobre el metalenguaje, y por ello se dice de ella que pertenece a un lenguaje de orden superior que se denominaría Metalenguaje I.

Y de similar manera podríamos crear una nueva oración, en un lenguaje superior al Metalenguaje I y que se denominaría Metalenguaje II, si nos pusiéramos a hablar de las oraciones del Metalenguaje I. Como por ejemplo en: "El ejemplo que afirma <<Cuando leí <La oración 'El puente está hecho de acero' contiene seis palabras>, comprendí la distinción entre lenguaje y metalenguaje.>> es un buen ejemplo"

Pues bien, hecha esa distinción ya podemos establecer una condición para la formación de oraciones que evite la paradoja del mentiroso.

Esa regla viene a decir que toda oración bien formada tiene que serlo en un lenguaje concreto —ya sea lenguaje objeto o metalenguaje— pero no hay oración bien formada si la expresión se da en una mezcla incompleta de lenguajes.

Y así, si recuperamos la frase paradójica "Esta frase es falsa" y la separamos en los niveles de metalenguaje, tendríamos "<Esta frase> es falsa", y entonces vemos que la expresión "Esta frase" no es una frase del castellano que pueda ser falsa o verdadera, ya que le falta el verbo, luego no es una oración bien formada.

La expresión: <"El azul" es falso> sería una expresión similar, "El azul" no es una oración enunciativa, luego no puede ser ni falsa ni verdadera; como mucho es una expresión poética. En este caso no se genera paradoja, pero en el anterior la expresión "Esta frase" casa con la expresión "es falsa", aunque ambas pertenezcan a niveles distintos, para formar la pseudo oración "Esta frase es falsa"

Los lenguajes naturales, como el castellano, no diferencian entre lenguaje objetos y los distintos metalenguajes, esa no diferenciación permite utilizar el castellano para hablar del propio castellano, y por tanto permite la posibilidad de generar argumentaciones paradójicas.

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6.          Discursos sin referentes.

El lenguaje natural posibilita la formación de dis­cur­sos que pre­sentan una referencia vaga, o incluso que no pretende tener ninguna en absoluto.

En realidad eso no se una desventaja del lenguaje natural, lo sería si se pretendiera estudiar en él las argumentaciones por la dificultad para entender con exactitud el sentido de sus frases.

Ejemplo de un uso del lenguaje natural que no pretende tener una referencia clara es el lenguaje poético.

EL AÑO SURCABA LOS AIRES.

El año surcaba los aires en sus meses

Como el himno devorando las olas extasiadas

Flor translúcida en sus barcos de vida o muerte

Nada vas a decirnos que no sepamos como tú

Las líneas de las manos son inútiles

Y asimismo las líneas de batalla

Digamos a los ojos que tanto han devorado

Que aún hay algo nuevo o que podría serlo.

Vicente Huidobro. De Últimos Poemas (1941)

¿Puede un "año" surcar los aires?

¿Pueden los himnos devorar olas? O ¿pueden las olas extasiarse?

El lenguaje natural permite usarse para finalidades que no tienen nada que ver con establecer argumentaciones. Y es esa misma capacidad la que le hace inadecuado para estudiar en él la argumentación.

   Otro ejemplo está en el lenguaje místico.

Nunca te pares en el camino,

vuélvete inexistente;

inexistente incluso a la idea de volverse inexistente.

Y cuando hayas abandonado tanto individualidad como conocimiento,

Este mundo se volverá aquel.

¡Levántate ahora! Deja de lado este mundo de bajeza

y encuentra tu camino a lo inefable;

deja de lado vida y cuerpo, fe y razón,

y en el camino hacia Dios, adquiere un alma.

Hakim Sanai. El Jardín Amurallado de la Verdad. Editorial Sufí.

¿Qué quiere decir eso de volverse inexistente incluso a la idea de volverse inexistente?

¿Cómo puede encontrar un camino a lo inefable?

¿Cómo es posible dejar la vida y adquirir un alma?

El lenguaje místico, como el poético, quiere contar algo que no tiene una referencia clara, que no se refiere a algo objetivo. Eso mismo impide poder precisar con claridad el sentido, si lo tiene, de sus frases.

Incluso fuera de la mística y la poesía, en el supuesto uso "normal" del lenguaje, se puede emitir discursos cuya referencia sea tan imprecisa y vaga que justamente no se acabe de decir algo.

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7.          La Necesidad de un Lenguaje Formal.

Debido a las características señaladas se hace necesario construir un lenguaje especial en el que poder estudiar las argumentaciones del lenguaje natural, sin que las peculiares características de éste tiendan a producir confusión y error.

Es en vistas a ese fin que se construye un lenguaje especial, denominado lenguaje formal, en el que poder estudiar con claridad y comodidad la argumentación lógica.

Los lenguajes formales se van a caracterizar por intentar representar la forma lógica; es decir, la estructura argumentativa, que es la responsable de la formación de argumentaciones correctas. A tal fin el lenguaje lógico evitará toda materia de lenguaje cuya presencia sólo podría oscurecer y ocultar la estructura argumentativa.

Todos los lenguajes se explicitan a través de una sintaxis y de una semántica. Y así el lenguaje lógico en el que se evalúen las argumentaciones deberá tener ambos niveles.

Sin embargo, las estructuras argumentativas, por carecer de materia del lenguaje, se acercan mucho más al nivel sintáctico, o nivel de formación de estructuras, que al semántico, o nivel de significado.

Eso ha hecho que la lógica, atendiendo exclusivamente al nivel sintáctico del lenguaje, establezca una noción muy fecunda y de amplias repercusiones que es la noción de cálculo. Con ella la lógica no sólo intenta dar cuenta de las argumentaciones del lenguaje natural, sino que amplia su horizonte

[3] más allá de las propias argumentaciones que pueden darse en el lenguaje natural.

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[1] La lógica, por su parte, eludirá la idea de "connotación" y entenderá que dos expresiones son sinónimas cuando podemos sustituir, en todas las proposición en que puedan participar esas expresiones, una por otra sin que varíe el valor de verdad de ninguna de las proposición en las que la sustitución fue efectuada.

[2] Esta versión se basa, esencialmente, en la conocida como la Tarjeta de Jourdain en honor del matemático inglés que la ofreció en 1913 como versión de la paradoja del mentiroso.

[3] Entendida aquí como razonamiento formal

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Esta página se actualizó por última vez el 18/03/2010