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Lógica Enunciados

 

 

1.     Argumentos y Lógicas.

2.     Construcción de un Lenguaje para Lógica de Enunciados.

2.1     Simbolización de Proposiciones.

2.2     Simbolización de Conectivas.

2.3     Reglas sobre el uso de paréntesis.

 

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1.          Argumentaciones y Lógicas.

Las argumentaciones que aparecen en el lenguaje natural no son todas de la misma clase.

En una argumentación nos encontramos con una estructura argumentativa, que es la que vertebra de una determinada manera las palabras de la argumentación —la materia del lenguaje, permitiendo que de unas oraciones se sigan necesariamente otras.

Dentro de la materia del lenguaje pueden distinguirse, en atención al estudio de la argumentación, entre las palabras fácticas y formales que la forman.

Las palabras formales son palabras especiales cuya presencia decide una estructura argumentativa u otra. Las palabras fácticas son aquellas que, aunque se sustituyan por otras expresiones, no se produce un cambio en la estructura argumentativa.

Por ejemplo, las dos siguientes argumentaciones:

1.

2.

Fuiste en coche o andando

Soy Julio César o soy Napoleón

No fuiste en coche

No soy Julio César

Luego fuiste andando

Luego soy Napoleón

tienen una misma estructura argumentativa, que puede representarse en el siguiente esquema:

[Cualquier oración enunciativa: p] o [cualquier oración enunciativa: q]

No [la oración enunciativa llamada p]

Luego [la oración enunciativa llamada q]

Pues bien, palabras formales de la argumentación 1. y 2. son "o", "no" y "luego".

Y así, si sustituimos una palabra formal, como "o", por otra, como "y", en la argumentación 1., la estructura argumentativa varía, hasta el punto de que el argumento deja de ser correcto, e incluso se hace contradictorio.

Fuiste en coche y andando.

No fuiste en coche

Luego fuiste andando

En cambio, podemos sustituir palabras fácticas, como "coche", por otras, como "patinete", o por cualquier otra expresión que mantenga sentido en la frase, y la estructura argumentativa se mantiene. De hecho, podemos sustituir toda la oración enunciativa por otra sin que la estructura argumentativa cambie; es así porque en la argumentación 1., toda la oración es una expresión fáctica.

Existen distintos tipos de argumentaciones. Esto quiere decir que existen distintas clases de estructuras argumentativas, cada una de ellas con un grupo distinto de palabras formales, que actúan estructurando de modo diferente el lenguaje natural.

Por ejemplo, la estructura argumentativa de los siguientes argumentos:

1.

2.

Todo sevillano es español

Todo gato es ave

Todo español es europeo

Todo ave es mamífero

Luego algún sevillano es europeo

Luego algún gato es mamífero

Es la misma, y podría representarse del siguiente modo:

Todo [nombre común: A] es [nombre común: B]

Todo [nombre común: B] es [nombre común: C]

Luego algún [nombre común: A] es [nombre común: C]

En esta estructura argumentativa las palabras formales ejercen su influencia sobre grupos, o conjuntos de seres, designados por nombres comunes.

Pero en el ejemplo anterior:

Fuiste en coche o andando.

No fuiste en coche

Luego fuiste andando

Las palabras formales ejercen su influencia sobre oraciones enunciativas completas. Es decir, las palabras formales {o, no, luego} actúan sobre oraciones y estructuran la argumentación entre oraciones. Pero las palabras formales {todo, es, algún} actúan sobre clases de objetos que se designan a través de nombres comunes. Su nivel sintáctico de actividad es distinto.

Pues bien, cada uno de esos tipos distintos de argumentaciones dará lugar a una clase distinta de lógica. En esas lógicas distintas se estudiará como los diferentes grupos de palabras formales son capaces de producir, por su presencia las distintas estructuras argumentativas que, al actuar sobre sus correspondientes expresiones fácticas, den lugar a argumentaciones correctas.

Por tanto, existirá una lógica de enunciados, que será aquella cuyas palabras formales se refieren a enunciados; una lógica de predicados, cuando se refieran a los predicados que se adjudican a conjuntos de elementos; una lógica modal, que es aquella que mantiene como palabras formales: “imposible”, “posible”, “necesario”...; una lógica deóntica, que presenta como palabras formales: “prohibido”, “permitido”, “obligado”...; etc.

 

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2.          Construcción de un lenguaje para lógica de enunciados.

El lenguaje natural presenta, como ya se vio, diversos problemas para expresar con claridad las argumentaciones. Por ello, la lógica toma como estrategia general expresar en signos que ella misma define —simbolizar— la estructura argumentativa que presentan los argumentos del lenguaje natural.

En lo que sigue vamos a construir un lenguaje formal donde poder simbolizar las argumentaciones cuya estructura argumentativa incluye palabras formales que actúan sobre enunciados; es decir, vamos a construir un lenguaje para lógica de enunciados o proposiciones.

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2.1          Simbolización de proposiciones.

Una proposición es lo que se afirma o niega en una oración enunciativa. Proposiciones y enunciados se distinguen por la propiedad de ser verdaderos o falsos.

No todas las oraciones del lenguaje natural dan proposiciones. Las oraciones interrogativas, exclamativas o imperativas no lo son, ya que no pueden ser ni verdadera ni falsas.

Las proposiciones pueden ser atómicas o moleculares. Se entiende por proposición atómica aquella proposición afirmativa que no incluye otras proposiciones como partes suyas, mientras que se entiende por proposición molecular aquella que, o se compone de enunciados más simples incluidos en ella como partes suyas, o es una proposición negativa, o ambas cosas a la vez.

Por ejemplo; un enunciado como "La Luna es un cometa", puede unirse a "El Sol es una estrella" mediante la palabra "y", y tendríamos "La Luna es un cometa y el Sol es una estrella". Los dos primeros enunciados serían atómicos mientras que el enunciado compuesto se llamará molecular.

Las palabras que enlazan las proposiciones entre sí, o las niegan, son palabras formales que, para la lógica proposicional, tienen el nombre de conectivas

[1].

Las palabras y expresiones que usualmente hacen esa función en el lenguaje natural son varias: “y”, “o”, “no”, "ni", “si…entonces”, "sólo…si", "luego", "pero", "una de dos", "por lo tanto"…

En el lenguaje natural hay expresiones que de un modo habitual suelen identificar una conectiva lógica en concreto, pero no siempre es así. 

Por ejemplo: “Juan y Pedro van al cine” son dos proposiciones. Una es que Juan vaya al cine, y otra es que lo haga Pedro; ambas se unen por la conectiva “y”. Pero en siete y cinco son doce, la palabra "y", no une proposiciones, luego no hace función de conectiva.

Por otro lado, en: "De ninguna manera hoy hace sol", “No ocurre que haga sol” o “Hoy no hace sol”, tendríamos la misma proposición molecular —ya que en todas las situaciones reales tendrían los mismos valores de verdad— pero dicha de distinta forma; es decir, que las expresiones "De ninguna manera", "No ocurre", y "No", estarían haciendo el mismo papel conector. Por eso es importante distinguir lo que se dice del modo en que está dicho.

En el lenguaje natural muchas expresiones son ambiguas. A la hora de simbolizar en términos lógicos es necesario establecer cuál es el sentido preciso que esas expresiones del lenguaje natural tienen, para poder así establecer con exactitud la forma lógica del argumento.

Por ejemplo, alguien puede preguntar qué bebió Luis en la comida; y alguien puede contestar que: "Luis bebió casera o vino". Ahora bien, puede ser que quien dice eso quiera decir que Luis bebió casera, vino, o ambas cosas mezcladas formando una única bebida; pero también puede ser que el hablante quisiera decir que bebió una de las dos posibilidades, casera o vino, pero en modo alguno ambas cosas juntas y a la vez.

Esas dos posibilidades, que son distintas, se producen porque la conectiva "o" tiene distintos significados. La importancia de esa diferencia está en que cada una de las posibilidades de entender su sentido daría lugar a una estructura argumentativa diferente.

Por eso, al simbolizar, hay que interpretar el argumento que sea ambiguo fijando el sentido de aquellas expresiones del lenguaje natural cuya ambigüedad pudiera dar lugar a simbolizaciones diferentes.

Fijar el sentido significa, en lógica, conocer en qué condiciones reales las proposiciones dichas serían verdaderas y en cuales sería falsas.

Por ejemplo, en un enunciado atómico, como “El gato es negro” puede haber una ambigüedad respecto a si eso significa que un cierto animal gato es de color negro, o si un cierto instrumento mecánico para levantar pesos tiene ese color. La ambigüedad desaparece indicando que hecho del mundo, en concreto, hace verdadera la proposición; es decir, si lo que hace verdadera la

proposición es que en el mundo un cierto animal sea de color negro o si la hace verdadera que lo sea un cierto instrumento mecánico.

De igual modo en el caso de una proposición molecular fijar el sentido equivale a establecer que hechos del mundo la hacen verdadera o falsa.

Y así, si digo: "el mes pasado fui al cine o al teatro", fijar su sentido es establecer en qué condiciones sería lo dicho verdadero y en cuales falso

Supongamos que:

ocurre en la realidad que:

luego la oración molecular sería:

1º. No fui al cine y no fui al teatro.

Falsa.

2º. No fui al cine y sí fui al teatro.

Verdadera.

3º. Sí fui al cine y no fui al teatro.

Verdadera.

4º. Sí fui al cine y sí fui al teatro.

¿??

El problema está en el cuarto caso. Si lo que se quiso decir con “el mes pasado fui al cine o al teatro” es que sólo se fue a uno de los dos sitios pero no a ambos, como cuando alguien dice: "Hay extraterrestres o no los hay", la oración sería falsa. Pero si lo que se quiso decir es que iría a uno de los sitios, o incluso a ambos, como cuando se dice: "Para trabajar aquí hace falta saber inglés o francés", entonces mi oración sería verdadera.

Es decir, la oración: "El mes pasado fui al cine o al teatro" es anfibológica, y sólo deja de serlo cuando se establece qué situaciones reales la harían verdadera o falsa.

Una vez establecido eso se podrá simbolizar de un modo u otro dependiendo, justamente, de en qué condiciones es verdadero el enunciado y en cuales falso.

La necesidad de exactitud es primordial en  lógica. Por eso, al simbolizar, y dado que el lenguaje natural suele ser confuso y ambiguo, es necesario realizar una interpretación, mayor o menor, de lo que el usuario del lenguaje natural quiso decir al usar las palabras en el modo en que lo hizo.

En lógica proposicional las proposiciones atómicas se simbolizarán por las letras minúsculas: "p", "q", "r", "s", "t". Si tuviéramos la necesidad de simbolizar más de cinco proposiciones atómicas se puede recurrir al uso de subíndices: p

1, p2, ..., pn, q1, q2, ...qn...

 

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2.2     Simbolización de conectivas.

Además de las proposiciones también se pueden simbolizar los términos de enlace o conectivas que forman enunciados moleculares.

La conectiva denominada conjuntor se simboliza con el símbolo “Ù”. El enunciado molecular resultante de su aplicación se denomina conjunción.

La estructura argumentativa que el conjuntor simboliza es aquella en la que el enunciado molecular es verdadero sólo cuando ambos enunciados constituyentes lo son también.

Y así por ejemplo, si “p” simboliza “El café está caliente” y “q” lo hace con “La leche está fría”, entonces la proposición molecular “El café está caliente y la leche está fría” es una conjunción y su simbolización completa será:   “p Ù q”

Las palabras del lenguaje natural que usualmente indican la presencia de un conjuntor son: “y”, “pero”, “sin embargo”, “además”, “también” ...

Cuando el enunciado molecular presenta sus enunciados componentes como alternativas nos encontramos frente a una disyunción. Dependiendo de que ambas alternativas puedan ser válidas a la vez, o no, tendremos una conectiva u otra.

La conectiva denominada disyuntor exclusivo o contravaledor se simboliza por el símbolo “Ú”. El enunciado molecular resultante de su aplicación se denomina disyunción exclusiva o contravalencia.

La estructura argumentativa que el contravaledor simboliza es aquella en la que el enunciado molecular es verdadero cuando alguno de los enuniados constituyentes es verdadero y el otro falso. Si ambos son falsos, o ambos verdaderos, el enunciado molecular es falso.

Por ejemplo, si “p” simboliza “voy al cine”, y “q” lo hace con “voy al teatro”, entonces el enunciado molecular: “Una de dos o voy al cine o voy al teatro” es una contravalencia y se simbolizará: “p Ú q”. Es una contravalencia porque sólo sería verdadero si una de las dos alternativas se da; pero si no se da ninguna o se dan ambas a la vez sería falso.

Las expresiones del lenguaje natural que suelen indicarla son: “Una de dos”, “o”, “o .... o ...”. En ocasiones es el propio sentido de las expresiones la que lo indica, como en “Hoy es viernes o es jueves”, ya que es imposible que pueda ser viernes y jueves a la vez.

La conectiva denominada disyuntor inclusivo, o disyuntor a secas se simbolizará por el símbolo “Ú”. El enunciado molecular resultante de su aplicación se denomina disyunción inclusiva o simplemente disyunción.

La estructura argumentativa que el disyuntor simboliza es aquella en la que el enunciado molecular es falso sólo cuando los dos enunciados constituyentes son falsos a la vez.

Por ejemplo, si “p” simboliza “Juan transportaba libros rojos”, y “q” lo hace con “Juan transportaba libros azules”, entonces el enunciado molecular: “Juan transportaba libros rojos o azules” es una disyunción, suponiendo que lo queremos decir es que los libros transportados tenían uno de esos colores o que había libros de ambos colores, y se simbolizará: “p Ú q”

La palabra del lenguaje natural que suelen indicar su presencia es “o”.

En ocasiones es difícil interpretar qué es lo que el hablante quiere exactamente decir. Si encontramos un anuncio que indica que se acepta secretaria que sepa inglés o francés pensamos que si conoce ambos idiomas es apta para el trabajo, luego esa disyunción sería inclusiva. Pero a veces, como en “Juan cenó carne o pescado” no está claro qué se quiere decir en la disyunción. En caso de que la disyunción sea ambigua se simbolizará como inclusiva.

Cuando el enunciado molecular presenta sus enunciados componentes como condiciones uno del otro nos encontramos frente a una conectiva condicional. En un enunciado condicional se puede distinguir entre el antecedente y el consecuente.

La conectiva denominada implicador o condicional se simboliza por el símbolo “”. El enunciado molecular resultante de su aplicación se denomina implicación.

La estructura argumentativa que el implicador  simboliza es aquella en la que el enunciado molecular es falso sólo cuando uno de los enunciados constituyentes —el que va antes de la flecha o antecedente— es verdadero y el otro —el que va después de la flecha o consecuente— falso. En otro caso el enunciado molecular es verdadero.

Y así si “p” simboliza “Me levanto temprano” y “q” simboliza “Tengo sueño durante el día”, entonces la proposición molecular “Si me levanto temprano entonces tengo sueño durante el día” es una implicación y su simbolización completa es:  “p q”

Las expresiones que usualmente representan la implicación son: “si...entonces”, “si” “luego”, “por lo tanto”...

El implicador es la conectiva cuya interpretación más controversias ha producido porque su formulación no corresponde con total exactitud a cómo utilizamos los enunciados condicionales en el lenguaje natural. Parece claro que si se indica que “si llueve las calles se mojan”, y ocurre que llueve pero las calles no se mojan, entonces la implicación es falsa. Pero ¿qué ocurre cuando no llueve? ¿Por qué decir que la implicación es verdadera me moje o no?

Por ejemplo, supongamos que se dice que “si Napoleón está vivo yo soy Julio Cesar”. Tal y como hemos definido la implicación esa proposición molecular es verdadera pero ¿por qué? Sin entrar en cuestiones técnicas podría entenderse que el hablante quiere indicar que, como lo primero es falso —ya que Napoleón no está vivo con toda seguridad— entonces, aunque lo segundo sea también falso, no se dice falsedad, puesto que Napoleón no está vivo.

La segunda conectiva condicional se denominada equivaledor o bicondicional, y se simboliza por el símbolo “”. El enunciado molecular resultante de su aplicación se denomina equivalencia o enunciado bicondicional.

La estructura argumentativa que el equivaledor simboliza es aquella en la que el enunciado molecular es verdadero cuando ambos enunciados constituyentes son verdaderos o ambos falsos. En otro caso el enunciado molecular es falso.

Y así si “p” simboliza “Hoy es jueves” y “q” simboliza “Mañana es viernes”, entonces la proposición molecular “Sólo si hoy es jueves entonces mañana es viernes” es una equivalencia y su simbolización completa es “p q”

Las expresiones del lenguaje natural que suelen indicarla son “si y solo si”, “sólo si ... entonces”, “sólo sí”, ...

Una equivalencia es una doble implicación. Es decir, se da cuando ocurre que “p q” y también ocurre que “q → p”

Y por último, está la conectiva denominada negador que se simboliza con el símbolo “¬”. El enunciado molecular resultante de su aplicación se denomina negación.

La estructura argumentativa que el negador simboliza es aquella en la que el enunciado molecular es verdadero cuando el enunciado atómico es falso, y es falso cuando el enunciado atómico es verdadero. El negador es la única conectiva que puede actuar sobre un enunciado atómico o uno molecular

[2].

Y así si “p” simboliza “Hoy hay clase”, entonces la proposición molecular “Hoy no hay clase” se simbolizará “¬p”.

Las expresiones del lenguaje natural que suelen indicarla son: “no” “ni”...

Una tabla resumen sería la siguiente:

Funtor

Símbolo lógico

Enunciado

molecular

Expresión

natural

Enunciado

simbolizado

Conjuntor

Ù

Conjunción

y

p Ù q

Contravaledor

Ú

Contravalencia

una de dos

p Ú q

Disyuntor

Ú

Disyunción

o

p Ú q

Implicador

Implicación

si ... entonces

p q

Equivaledor

Equivalencia

si y sólo si

p q

Negador

¬

Negación

no

¬ p

 

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2.3          Reglas sobre el uso de paréntesis.

En todo enunciado molecular siempre hay una conectiva principal, es decir una conectiva que hace que el enunciado molecular entero sea una disyunción, una implicación o el que sea; y luego podrá haber, o no, otras conectivas secundarias.

A la hora de simbolizar, si no distribuimos y separamos el alcance de las conectivas con los paréntesis, nos podemos encontrar con simbolizaciones ambigüas..

Por ejemplo, un enunciado molecular, como:

“Si Juan come y Luis bebe, entonces Antonio se enfada”, se simbolizaría:

p: Juan come

q: Luis bebe

r: Antonio se enfada

p Ù q → r

Pero esa expresión, tal y como está escrita, es ambigua, porque puede representar también el enunciado molecular:

2. “Juan come y, si Luis bebe Antonio se enfada”.

Para evitar ambigüedades en la simbolización se recurre al uso de paréntesis. El paréntesis es un signo sintáctico que sirve para distinguir los enunciados moleculares formados por el alcance de los conectores.

La regla primera de los paréntesis indicaría que los paréntesis incluyen en su interior a los enunciados afectados por la conectiva que se encuentra en medio de ellos.

Y entonces, y volviendo al ejemplo anterior, tendríamos que el enunciado 1 y el 2, manteniendo la asignación de las letras a las proposiciones, se simbolizarían:

1.  ( (p Ù q) → r) . El enunciado molecular sería una implicación —conectiva principal: implicador— entre una conjunción y un enunciado atómico.

 2. (p Ù (q → r) ). El enunciado molecular sería una conjunción —conectiva principal: conjuntor— entre un enunciado atómico y una implicación.

La segunda regla de los paréntesis indica que si fuera de los últimos paréntesis no existe ninguna conectiva podemos quitarlos. Ellos nos ofrece dos ventaja. Por un lado reducimos la confusión que puede darse cuando se involucran muchos paréntesis, y por otro lado nos permite identificar con claridad cuál sea la conectiva principal, que ahora podemos distinguir fácilmente por ser la que queda fuera del alcance de todos los paréntesis.

Y así, las simbolizaciones anteriores:

Pasan de escribirse:

A escribirse

((p Ù q) → r)

(p Ù q) → r

(p Ù (q → r))

p Ù (q → r)

En el caso de que fuera de los paréntesis aún hubiera una conectiva, los paréntesis no deben quitarse. Por ejemplo, si tenemos: “¬ (p Ù (q r))”  no podemos pasar a poner “p Ù (q → r)”, ya que se trata de fórmulas distintas. En la primera la conectiva principal es un negador, en la otra es un conjuntor.

Las dos siguientes reglas de los paréntesis se refieren al uso con la conectiva negador, y tienen como fin restringir su uso cuando éste no sea necesario. La tercera regla de los paréntesis dice que si la conectiva negador {¬}, aunque esté repetida, no aparece seguida de paréntesis, afectará tan sólo a la letra enun­ciativa que le sigue inmediatamente:

Es decir, por la regla número uno tendríamos que poner “¬(p)” cada vez que apareciera una proposición negada, pero ahora, por la regla tercera podemos poner directamente “¬ p”. Y también, en vez de poner “¬( ¬(p) )”  podemos poner directamente “¬ ¬ p”.

La cuarta regla de los paréntesis dice que siempre que en el exterior de unos paréntesis aparezcan la conectiva negador y otra, la conectiva principal no será el negador.

Y así, si nos encontramos con: “¬ p → (q Ú r)” sabremos que la conectiva principal es el implicador. Para que lo fuera el negador tendría que poner:   “¬ (p (q Ú r) )”.

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[1] También se las llama juntores y funtores.

[2] Es una conectiva monádica, mientras que las demás son diádicas.

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Esta página se actualizó por última vez el 18/03/2010