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La Actividad Científica

 

 

1.     Clases de ciencia.

2.     El objetivo de la ciencia.

3.     La actividad científica.

3.1     Contexto de descubrimiento: el establecimiento de las leyes científicas.

3.2     El contexto de justificación.

32.1     Criterio de demarcación: la aptitud de una hipótesis como científica.

32.2     El método hipotético-deductivo: la validez de las hipótesis científicas.

32.3     Elementos constitutivos del método hipotético-deductivo.

3.3     Explicación y predicción: el modelo explicativo legal deductivo.

 

Introducción Filosofía
Identidad y Cambio
Filosofía de la Mente
Apariencia y Realidad
Gnoseología
Fuentes Directas
Fuentes Indirectas
Epistemología
La Actividad Científica
Lenguaje Natural
Lógica Enunciados
Tablas de Verdad
Ética

1.    Clases de ciencia.

Existen tres clases de ciencias: las formales, las sociales y las ciencias naturales.

Las ciencias formales son la matemática y la lógica. Y lo que las diferencia de los demás clases de ciencias es que sus enunciados son analíticos [1], y que sólo utilizan un método deductivo; en ningún caso recurren a la experimentación para establecer sus teoremas.

Parten, pues, de una serie de proposiciones —axiomas— e intentan deducir otras proposiciones —teoremas— a partir de las anteriores.

Las ciencias sociales y naturales, en cambio, recurren a la experiencia para conseguir teorías que conformen una explicación coherente y ajustada de la realidad.

Por teoría científica se entiende un conjunto coherente y económico de definiciones y afirmaciones, interdependientes unas de otras, que tiene la finalidad de explicar y predecir por sus términos el mayor número posible de hechos pertenecientes al dominio del que se ocupa la teoría.

Por ejemplo, la teoría química establece unas definiciones de términos que se registran en la denominada tabla periódica. A partir de ella se especifica la estructura de los átomos, y se definen los distintos tipos de relaciones que pueden darse entre sus miembros, como oxidarse, arder, disolverse, etc. Una vez hecho eso la teoría es capaz de explicar cosas como por qué el hierro se oxida con el agua, la sal se disuelve en el agua mientras que el plomo se hunde y no flota, etc. Sin la teoría química esos tipos de hechos enunciados no se explicarían, y sólo podríamos enumerarlos de forma inconexa. Pero con la teoría química podemos dar sentido al conjunto y estructurarlo en un sistema coherente.

Lo que diferencia a las ciencias sociales se diferencian de las naturales en que las primeras estudian al ser humano en tanto que es específicamente humano, ya de modo aislado —psicología— en interrelación con otros hombres —sociología— o en interrelación con el medio ambiente —antropología— es decir, intenta estudiar al hombre en tanto que ser especial en la naturaleza, dotado de su peculiar modo de razonar y comportarse. En cambio las ciencias naturales estudian los objetos naturales en tanto que se comportan según leyes naturales.

Y así la ciencia que estudie el cuerpo humano será una ciencia natural, ya que aunque estudia algo humano no lo hace atendiendo a un rasgo específicamente humano, sino a aquello que, de natural, tiene el ser humano.

Los resultados de las ciencias sociales son más bien escasos, hasta el punto de que se ha puesto en duda que las ciencias sociales sean realmente ciencias.

De las ciencias naturales es la física la que ha experimentado un mayor desarrollo, habiéndose constituido como el modelo para establecer cómo debe ser una ciencia natural.

En lo que sigue se hablará únicamente de las ciencias naturales.

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2.     El objetivo de la ciencia.

Tradicionalmente se consideraba que la actividad científica comenzaba por una observación del mundo libre de prejuicios. Sin embargo, en la actualidad, se considera que toda percepción de la realidad parte de una teoría previa, que no tiene por qué ser necesariamente científica, pero que orienta la percepción que de la realidad se tenga.

Y así, el comienzo de la investigación científica, se inicia a partir de algo que no funciona en esa concepción inicial del mundo; parte de un problema.

Por problema pueden entenderse dos cosas; primariamente es una contradicción entre lo que deberíamos de ver si nuestras teorías fueran ciertas y lo que en realidad observamos en la experiencia; es decir, una anomalía.

Por ejemplo, si nuestras teorías mantienen que, por ejemplo, Dios existe, nos ama, y es quien produce la lluvia, y sin embargo, aunque la necesitamos, ésta no cae, entonces tenemos un problema; porque lo que parece sugerir la teoría que tendría que llover entra en contradicción con lo que ocurre en la experiencia; es necesaria una explicación.

De igual forma, la mecánica clásica de Newton, aplicada al sistema solar, llegó a predecir una órbita para el planeta Urano que no era la que éste mostraba. Ese es un típico problema científico que puede dar lugar a una investigación que intente explicar por qué no vemos lo que la teoría predice que deberíamos de ver.

También puede entenderse, secundariamente, como un problema el suceso que, desde nuestras teorías, resulta inexplicable; es decir, se trata del suceso para el que no tenemos ninguna teoría explicativa, sobre todo cuando tenerla nos interesa.

Si somos habitantes de una isla polinésica, que mantienen teorías no científicas, y de pronto nos visitan hombres blancos con un tremendo poder —tecnología—, es posible que aunque tal hecho no contradiga nuestros mitos, tuviéramos que ampliar nuestras teorías míticas para poder recoger ese nuevo e importante hecho.

Análogamente, si los telescopios astronómicos reflejaran un hecho nuevo, para el que no tenemos explicación ninguna, pero que tampoco contradijese las teorías vigentes, se tomaría como un problema con el que comenzar una investigación científica.

Por tanto, es a partir de la constatación de un problema que cabe iniciar un proceso de investigación que pueda dar cuenta de ese hecho; es decir, explicarlo.

Una manera especial de intentar explicar los problemas es la que propone la ciencia.

En general, las diferentes filosofías de la ciencia, a excepción del relativismo, podrían coincidir en señalar como el objetivo de la actividad científica la explicación científica en sentido amplio. En lo que sigue se prescinde de la opinión relativista que, como tal, suele contrastar con la de las demás opiniones en filosofía de la ciencia.

Por "explicación”, en sentido amplio, debe entenderse dos cosas, la explicación propiamente dicha de los hechos de experiencia y su predicción. Y por "científica" el matiz que la distingue de cualquier otro intento de explicación del mundo; la racionalidad y el uso de leyes en sus explicaciones.

Por tanto, puede establecerse que el objetivo de la ciencia natural es explicar y predecir racionalmente [2], a través de leyes, el comportamiento del mundo.

Ahora bien, ¿qué significa que un hecho quede explicado? Generalmente entendemos que algo está explicado cuando conocemos el por qué de ese algo.

Cuando la explicación es científica ese "por qué" tiene el sentido concreto de indicar que el hecho a explicar es el resultado de la actuación de una, o varias, leyes científicas. El mismo procedimiento se sigue para la predicción.

Por ejemplo, entendemos que un suceso atmosférico, como que ahora hubiera niebla, está científicamente explicado cuando se nos indican las leyes que hacen que, dadas las condiciones atmosféricas concretas que en este momento se dan, explican que necesariamente se haya producido la niebla que vemos.

De igual forma, se nos da una predicción científica sobre la futura aparición de un eclipse de Sol cuando, dada las leyes científicas que describen el movimiento de los planetas,  y dadas las posiciones  actuales de los astros involucrados,  el cálculo establece que, necesariamente, el día de la predicción la Luna se situará entre el Sol y la Tierra.

Para que la ciencia pueda explicar es necesario que antes establezca cuáles sean las leyes científicas, y además que justifique racionalmente sus afirmaciones.

Por tanto, tres son, fundamentalmente, las labores científicas.

En la primera de ellas se trata de establecer cuáles sean las leyes científicas. En la segunda se tratará de justificar racionalmente su admisión y validez como tales leyes. Y en la tercera se tratará de explicar y predecir los hechos del mundo a través del uso de las leyes previamente establecidas y justificadas.

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3          La actividad científica.

3.1          Contexto de descubrimiento: el establecimiento de las leyes científicas.

Tradicionalmente, la mayor parte de los epistemólogos, consideraron que debía existir un procedimiento racional por cuya aplicación sistemática el científico pudiera adquirir el conocimiento de las leyes naturales. Hoy en día esta idea está descartada.

No existe tal procedimiento, y la forma en que el científico llega a la ley depende de la parte creativa del individuo; es decir, se le ocurren.

Y así puede ocurrir que el científico llegue a la ley a través de un sueño, por un prejuicio religioso, por pura casualidad, o por cualquier otra consideración de carácter personal.

Como ejemplo puede citarse el descubrimiento de la forma de la molécula del Benceno: “El químico Kekule (...) nos cuenta que durante mucho tiempo intentó sin éxito hallar una fórmula de la estructura de la molécula de benceno hasta que, una tarde de 1865 encontró una solución a su problema mientras dormitaba frente a la chimenea. Contemplando las llamas, le pareció ver átomos que danzaban serpenteando. De repente, una de las serpientes se asió la cola y formó un anillo, y luego giró burlonamente ante él. Kekule se despertó de golpe: se le había ocurrido la idea -ahora famosa y familiar- de representar la estructura molecular del benceno mediante un anillo hexagonal [3].

Las investigaciones de Kepler se basaban en la idea de que Dios había diseñado racionalmente el Universo. Como era así estaba convencido de que debían haber una razón para todo suceso astral, y de lo que se trataba era de descubrir cuál había sido el pensamiento de Dios.

Fleming llegó a la penicilina al analizar una "sustancia blanca" que apareció en un cultivo de bacterias accidentalmente contaminada por la acción de un hongo, que era quién había producido esa "sustancia blanca" que acabaría llamándose, por el hongo, penicilina.

En ese sentido los epistemólogos distinguen entre el contexto de descubrimiento, en el cual al científico se le ocurre la ley, y el contexto de justificación, en el que se establece si está justificado racionalmente aceptar las leyes y teorías como válidas.

Respecto al contexto de descubrimiento considerarán que no hay ningún método que, de seguirlo, asegure al investigador alcanzar las leyes naturales válidas.

Esto no significa que no haya reglas prácticas qué, si se siguen, pueden facilitar al investigador la ocurrencia de hipótesis interesantes, lo que no hay es ningún método que asegure el éxito en esa búsqueda.

Ejemplo de esas reglas prácticas son el dar continuas vueltas al asunto, el leer sobre el tema en cuestión, el preguntar opiniones sobre la cuestión a sus colegas, etc.

Por eso, el epistemólogo, no se encuentra interesado en el contexto de descubrimiento, y considera que su estudio pertenece más bien a ciencias como la psicología, la sociología, y disciplinas afines. Lo que a él le interesa propiamente es el contexto de justificación.

Hay que precisar que cuando el epistemólogo afirma la justificación racional de adoptar una hipótesis como ley no dice, con ello, que esa hipótesis tenga que ser definitivamente válida y, por tanto, inmutable. Pudiera ser que terminara siendo descartada por la ciencia, pero puede ocurrir que, de acuerdo a los datos que se tengan en el presente, esté racionalmente justificado adoptarla como ley, aunque más tarde se demostrase que era inválida.

Por ejemplo, es posible que la afirmación de que es la Tierra la que se mueve alrededor del Sol, realizada hace 2.500 años, y de acuerdo al conocimiento de la época, tuviera en su tiempo menos justificación racional para ser aceptada que la alternativa que afirmarse que el Sol se mueve alrededor de la Tierra.

Hay que tener en cuenta que el conocimiento científico no es conocimiento en sentido fuerte sino débil. Es por eso que nunca se tendrán todas las razones que permitan la infabilidad científica. Si se dispone  de un mayor "número de razones" en favor de una hipótesis A en vez de otra B, y aunque finalmente sea la hipótesis B la que se imponga, estará justificado racionalmente aceptar como válida la A mientras las razones en su favor sean mayores que las que se tienen apoyando a B. Porque incluso aunque la teoría B termine por imponerse sobre la A, ello sólo será si, de acuerdo a nuevos datos, hay un mayor "número de razones" para aceptar B que las que había para aceptar A, y por tanto salvando siempre la racionalidad de la elección.

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 3.2          El contexto de justificación[5]

32.1         Criterio de demarcación: la aptitud de una hipótesis como científica.

No todas las posibles hipótesis y teorías que puedan ocurrírsenos son científicas. Con independencia de que posteriormente se establezca que la hipótesis, o teoría, es válida o inválida, existe cierta condición que éstas deben pasar para caracterizarse como científicas. Esa condición funciona pues como criterio para demarcar, o poner límites, a la ciencia respecto de otras disciplinas que, simplemente, no son ciencia; y se denomina criterio de demarcación.

El criterio de demarcación que en el presente cuenta con mayor aceptación fue propuesto por el falsacionismo y se denomina falsabilidad [6].

Según ese criterio sólo las hipótesis o teorías que sean falsables son científicas. Y por “falsable” se entiende que la teoría, o la hipótesis, sea refutable.

Con “refutable” no se está diciendo que la teoría, o la hipótesis, científica tenga que ser refutada, si fuera refutada sería rechazada por ser falsa o inválida, sólo se pide que exista un procedimiento por el cual podamos intentar refutarla; porque sólo tras intentar refutarla, y no conseguirlo, habrá dado pruebas de que la teoría es válida.

En cambio, si no existiera ningún procedimiento por el cuál pudiéramos intentar refutar la teoría a través de la experiencia, entonces esa teoría no es científica.

Por ejemplo, una hipótesis no falsable sería la que afirmarse cuando nadie puede observarlos, ni grabarlos por ningún procedimiento, salen duendes del suelo a bailar tangos. No es falsable porque no hay manera de intentar refutarla. Para que una hipótesis sea científica debe haber algún procedimiento para intentar demostrar que es falsa.

Por la aplicación del criterio de falsabillidad pueden rechazarse varios grupos de hipótesis y teorías, que son:

Las hipótesis con vaguedad en la formulación, ya que entonces, aprovechándose de la vaguedad de la formulación, cual­quier resultado podría ser favorable a la hipótesis y, por tanto, no ten­dría­mos ningún mecanismo para decidir en qué condiciones pudiera ser falsa.

Ejemplo de esto serían las predicciones astrológicas, si lo que predice se enuncia de forma vaga y difusa, como por ejemplo cuando se dice: “en la próxima semana conseguirás algo que quieres”.

Las hipótesis con presencia de elementos inobserva­bles. “Inobservables” hace referencia a enti­dades que no pueden observarse con instrumento alguno, y que no dejan rastros o efectos observables en la naturaleza, que tuviéramos necesariamente que achacárselos a ellos.         

Por ejemplo, un unicornio o un gnomo verde invisible son entidades absolu­tamente inob­servables, porque, ni hay instrumental que los detecte, ni hay rastros en la naturaleza que tengan que serles achacados, ya que las huellas del supuesto unicornio se les achaca a los caballos. Pero no es el caso de un electrón porque, aunque tampoco es observable, los electrones producen una serie de rastros y efectos que pueden detectarse (órbitas, en la cámara de burbu­jas, polarizaciones, espectros,...), siendo inexplicables estos efectos en el caso de no admitir su presencia, ya que ninguna otra entidad observable los produce. Una hipótesis que hable del compor­tamiento de los electrones será examinada científicamente, pero otra que hable sobre los gnomos verdes invisibles, y que no tienen efectos en la naturaleza que sólo podamos achacárselos a ellos, no es falsable, y, por tanto, no es científica.

Las hipótesis con presencia de elementos subjetivos. Por elementos subjetivos deben entenderse elementos privados de una persona y sin posibilidad de observación pública. La diferencia de este apartado con el anterior está en que aquí las entidades no son absolutamente inobservables, pero esa observa­ción es privada, no es pública y, por tanto,  sobre ella no podemos hacer ciencia ya que jamás podríamos saber si la hipótesis es falsa.

Por ejemplo una persona puede afirmar que siente dolor aunque no tenga ninguna disfunción fisiológica. En esas circunstancias no podríamos jamás comprobar si su enunciado es falso, luego se sitúa fuera del alcance de la ciencia.

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32.2          El método hipotético-deductivo: la validez de las hipótesis científicas.

La misión del método hipotético-deductivo, tal y como se le entiende hoy en día, es la de someter a prueba la validez de las distintas hipótesis, leyes, o teorías científicas.

Como se dijo, la actividad científica comenzaba a partir de un problema, para cuya solución se ideaba una hipótesis científica.

Es a partir de contar con una hipótesis cuando el método hipotético-deductivo se activa con la misión de mostrar la validez, o invalidez, de esa hipótesis.

Se comienza deduciendo consecuencias que tendrían que ocurrir en la experiencia, y por tanto en los experimentos, si la hipótesis que se estudia fuera válida o verdadera.

Sólo interesa deducir consecuen­cias que predigan acontecimientos concretos que puedan comprobarse experimentalmente, es decir, aquellas que pudieran, de no pasar, refutar la hipótesis.

Cuantos más acontecimientos se predigan, y más extraordinarios o inesperados sean éstos, mejor, ya que más difícil será que la hipótesis, de ser falsa o inválida, pudiera haberlos predicho, y nuestra confianza en ella se acrecentará.

Una vez deducidas las consecuencias se trata de comprobar directamente en la experiencia, o a través de los experimentos, si las consecuencia predichas ocurren.

Por ejemplo, supongamos que partimos del problema —contradicción entre hecho y teoría— de que la órbita del planeta Urano no es como debería ser si la teoría de la gravitación de Newton es válida.

Se propone la hipótesis científica explicativa de que pueda haber un planeta, de órbita exterior a Urano, que al pasar cerca de él altere, por la propia ley de gravitación de Newton, la órbita del planeta. En este caso la hipótesis no es una nueva ley científica, pero podría serlo. De hecho, y en este caso real, hubo astrónomos que propusieron que las leyes de la gravitación de Newton tenían sólo validez hasta cierta distancia entre las masas que era, justamente, menor a la distancia entre el Sol y Urano. Eso hubiera tenido como resultado la modificación de la ley de Newton, y por tanto, la propuesta de una nueva ley de gravitación que sustituyera la anterior.

Se supone la verdad de la hipótesis y se deducen, a partir de ella, consecuencias que puedan ser comprobadas en la experiencia. Por ejemplo, que si existe un planeta ulterior que ha afectado a Urano en los lugares y tiempos observados: (l a , tb) (lc, td), entonces podemos deducir que, supuesto que su órbita sea "normal", se encontrará en el lugar del espacio "le" en el momento "tf".

Hacemos la comprobación en la experiencia de la consecuencia predicha apuntando un telescopio óptico a la dirección del espacio "l e" en el momento "tf". Si resulta que no vemos el planeta la hipótesis ha resultado refutada, en caso contrario la hipótesis habría salido respaldada. En la realidad, y tras dirigir el telescopio en esa dirección, los astrónomos pudieron observar a un nuevo planeta al que bautizaron Neptuno.

En caso de que comprobemos que las consecuencias deducidas ocurren en la realidad eso no demostraría que la hipótesis sea verdadera, sólo tendríamos que no hemos sido capaces de demostrar que sea falsa, y hasta que eso no ocurra tendremos que admitir su validez, aunque siempre de modo provisional.

Si las consecuencias deducidas no se cumplen entonces tendremos que rechazar la hipótesis, ya que hemos demostrado que es falsa o inválida, y volver a proponer una nueva hipótesis explicativa para dar cuenta del problema.

En ocasiones el científico insiste en considerar que la hipótesis es válida, y achaca que no se cumplieran las consecuencias deducidas a errores en el experimento, o a factores que no controló. En ese caso, puede que repita los experimentos intentando ser mas cuidadoso o controlando factores importantes que no tuvo en cuenta. Pero al final, si siguen si ocurrir las consecuencias previstas, deberá prescindir de esa hipótesis.

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32.3          Elementos constitutivos del método hipotético-deductivo.

El primer elemento es la hipótesis (H) que va a confirmarse o refutarse. En la actividad científica la hipótesis es un enunciado general.

Por ejemplo, supongamos que partimos del hecho, inexplicado, de que un gran número de personas contraen cáncer en cierta población. Y planteamos la hipótesis, hasta ese momento desconocida, de que la radioactividad produce cáncer. Suponemos que, dado que hay un depósito de pararrayos usados situado en esa población, y dado que las descargas de electricidad en los pararrayos pueden convertirlos en radiactivos, sean esos pararrayos los causantes del aumento del cáncer.

El segundo elemento son las condiciones iniciales (CI), que vienen a ser las condiciones experimentales, generalmente preparadas en el laboratorio de experimentación; es decir, son los hechos que tienen que darse, en un momento y lugar determinados, para poder predecir que las consecuencias deducidas, de ser la válida la hipótesis, ocurrirán.

Por ejemplo, hemos pensado que si introducimos unas cobayas en una jaula donde se encuentran pararrayos radiactivos, y otras en otra jaula no expuesta a esos pararrayos, si las tratamos a ambas igual, el grupo de cobayas cercano a los pararrayos enfermará de cáncer, pero no así las cobayas del segundo grupo;  y esto constituye nuestra predicción.

Pues bien, el introducir las cobayas en esas jaulas, el cuidar a todas las cobayas del mismo modo, el acercar o alejar los pararrayos radiactivos…, son las condiciones iniciales del experimento que, por darse, nos permiten predecir, suponiendo que la hipótesis sea válida, que el grupo de cobayas cercano a los pararrayos enfermará de cáncer.

Hay veces que las condiciones iniciales no se establecen en el laboratorio. Por ejemplo, si comprobamos que en el pueblo X, existe un depósito de pararrayos utilizados, cerca de los cuales hay un bloque de viviendas. En este caso las condiciones iniciales no son condiciones de laboratorio, pero nos permitirían también realizar una predicción sobre un posible índice anormal de cáncer en esas viviendas.

Las condiciones iniciales, como son hechos empíricos, se reflejan siempre en enunciados singulares

El siguiente elemento son los denominados supuestos auxiliares (SA), que pueden ser de dos clases, bien hechos de observación, que se expresan en enunciados singulares, y también leyes naturales, que se expresan en enunciados generales.

Los supuestos auxiliares, ya sean leyes o hechos, son proposiciones de cuya validez depende el experimento y que se suponen válidas o verdaderas aunque, en realidad, no han sido comprobadas.

Y así, en el experimento del ejemplo que desarrollamos, estamos suponiendo, como hechos, que las ratas que nos han proporcionado no han sido previamente utilizadas es un experimento de cáncer, o que no las han sacado de algún depósito de material radiactivo, o que nuestro ayudante de investigación no está cambiándolas de sitio por la noche, o renovándolas, para que la experiencia sea un éxito, nos subvencionen más experiencias y él siga trabajando. Es imposible que el experimentador pueda comprobar que todos los hechos que funcionan como supuestos auxiliares son ciertos; más bien los supone.

También se supone, por ejemplo, que las ratas no pueden realizar hechos extraordinarios, como volar y cambiarse de jaula, o traspasar la materia de la jaula y cambiarse de grupo.... Y pensamos que es así porque suponemos la validez de ciertas leyes científicas que impiden que esas cosas puedan ocurrir. Sin embargo, y como se dijo, no podemos conocer con certeza que ninguna ley que hemos adoptado como válida lo sea realmente, luego estamos suponiendo que lo son.

Por ejemplo, Millikan en 1909 trató de probar que la electricidad presentaba una estruc­tura atómica, esto es, que no puede existir una carga atómica menor de un cierto valor y que toda carga eléctrica es múltiplo entero del valor mínimo de carga eléctrica. A tal fin construyó un dispositi­vo que le permitiese medir la carga eléctrica de una minúscula gota de mercurio calculando la velocidad con que dicha gota caía por la fuerza de la gravedad o subía por un campo magnético situado por encima de ella. El valor de la carga eléctrica obtenido por este procedimiento fue de 4,774*10-10. Posteriormente otros investigadores midieron, utilizando otros métodos, otras cargas eléctricas y encontraron que no eran múlti­plos del valor hallado por Millikan. Sin embargo, experiencias posteriores demostraron que el error no estaba en la hipóte­sis de Millikan sino en que una de las leyes que acompañaba a la hipóte­sis de Millikan, como supuesto auxiliar, era falsa.

El hecho de que se incluyan leyes generales como supuestos auxiliares da lugar a preguntarnos cuántas leyes científicas se están suponiendo en el experimento. La respuesta se conoce con el nombre de la tesis de Duhem-Quine, e indica que cada vez que se proporciona una explicación, una predicción, o se diseña un experimento, se está suponiendo, como supuesto auxiliar, todo el conocimiento científico del que se dispone hasta el momento.

Las razones de porqué se incluye todo el conocimiento científico se pueden resumir en dos.

La primera se apoya en los significados de los términos teóricos; y dice que cuando enunciamos una hipótesis, una ley auxiliar, o una condición inicial, nos estamos expresando en un lenguaje científico en el que el significado de los términos utilizados implica a otros términos que terminan por complicar a toda la trama conceptual de la ciencia.

Por ejemplo, si queremos asegurarnos que las ratas no pueden atravesar la jaula de barrotes en la que están para cambiarse de lugar, tendremos que establecer leyes que enuncien la rigidez del hierro, que permite que no se doble bajo la fuerza que pueda hacer una rata. Pero términos como fuerza, o hierro, son términos que se explican a partir de un lenguaje que termina por ir complicando cada vez más teoría química. Y así hierro es un "metal", y metal puede definirse como un conjunto de elementos de la tabla periódica que presentan ciertas propiedades concretas, como tener un determinado número de electrones en su última capa; pero eso remite a qué cosa sea “electrón”, lo cuál, a su vez, remitirá a qué signifique “carga eléctrica negativa”, etc.; es decir, que aclarar de modo completo el significado de cualquiera término que intervenga en nuestra experiencia conlleva usar de forma implícita toda la ciencia.

La segunda se apoya en la validez de las leyes, y viene a señalar que para comprobar la validez de una ley científica hay que suponer la validez de otras leyes científicas, pero para comprobar la validez de éstas otras hubo, en su momento, que suponer la validez de otras distintas y anteriores. Y así, de manera progresiva e indirecta, toda la ciencia se ve complicada en la validación de la propia ciencia.

Es decir, por ejemplo, comprobar visualmente un experimento requiere suponer la validez de las leyes de la óptica, y no sólo si se comprueba a través de un telescopio o de un microscopio, ya que, por ejemplo, el propio aire caliente puede hacer "mover" los objetos. Y eso último suponiendo, claro está, la validez de la ley que dice que la densidad del aire caliente varía y que, por tanto, la trayectoria de la luz varía cuando pasa por esa zona en dirección a nuestros ojos.

Pero es que, además, la comprobación de una ley, como por ejemplo la que afirma la tectónica de placas, se ha realizado suponiendo la validez de otras leyes como la de la gravedad. Si comprobamos que en un experimento concreto la ley de la tectónica de placas es un supuesto auxiliar, y para probar esa ley se supuso en su momento la validez de la ley de la gravedad, entonces es que la propia ley de la gravedad es un supuesto auxiliar, aunque lejano y con un papel más oculto, en nuestro experimento.

La importancia de la tesis de Duhem-Quine es que viene a mostrar que no podemos comprobar la validez, o invalidez, de una hipótesis de forma aislada, ya que al hacerlo suponemos la validez del resto del conocimiento científico ya establecido.

Y que, por tanto, el método hipotético-deductivo no justifica o refuta las hipótesis de forma individualizada, sino que lo que queda justificado o rechazado es el conjunto formado por todo el conocimiento científico más esa hipótesis; ya que es todo ese conjunto el que explica, o no, el hecho de experiencia ocurrido.

El último elemento del proceso es la propia predicción (P) que se deduce al suponer la validez de la hipótesis, la ocurrencia de las condiciones iniciales, y los distintos supuestos auxiliares.

La predicción, al ser un hecho de experiencia, se expresa en enunciados singulares.

Y así, en el experimento de las cobayas se deduce la predicción de que aquel grupo de cobayas que está cercano a los pararrayos radiactivos mostrará una tasa mayor y no causal, en la adquisición de cáncer, que aquel otro grupo que no fue sometido a la cercanía de los pararrayos.

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3.3          Explicación y predicción: el modelo explicativo legal deductivo.

Una vez que ya se dispone de una serie de leyes, o teorías, que los científicos toman por válidas, la predicción y explicación se produce a través de una deducción; es decir, de un razonamiento lógico denominado Modelo Explicativo Legal Deductivo (M.E.L.D.), en el cual de la verdad de las premisas se sigue necesariamente el hecho a explicar o predecir.

Las premisas con­sisten en las leyes que tengan importancia para esa explicación en concreto y en las condi­ciones iniciales que enmarcan el hecho a explicar o predecir.

También pueden hacerse explícitos algunos supuestos auxiliares que se tenga especial cuidado en hacer notar que se tuvieron en cuenta, o que se suponen válidos pero no se han comprobado.

Por ejemplo, si se quiere experimentar con la inteligencia de chimpancés puede ser de interés señalar el supuesto auxiliar de que los animales no se adquirieron en un circo. Porque si así fuera podrían estar transfiriendo, a los experimentos, habilidades aprendidas allí.

Por tanto, y obviando en lo siguiente los supuestos auxiliares, la predicción de qué ocurrirá si se calienta un concreto trozo de hierro puede reflejarse del siguiente modo:

- 1 Todo metal se dilata al calentarse       (Ley general)

- 2 Todo hierro es metal                           (Ley general)

- 3 Este trozo concreto es de hierro         (Condición Inicial)

- 4 Calentamos este trozo de hierro          (Condición Inicial)

  5 Este trozo de hierro se dilatará            (Predicción)

Podemos observar que si las premisas son verdaderas el resultado también lo será de forma necesaria, es decir, que de las premisas se sigue lógicamen­te la conclusión.

Si nuestra intención fuera explicar, en vez de predecir, partiríamos de que el trozo de hierro ya se había dilatado, y, por tanto, en la premisa número 4 y en la explicación, numerada con el 5, cambiaríamos los verbos por verbos de pasado.

El modelo explicativo legal deductivo siempre tiene por premisas dos tipos de enunciados: los enunciados generales, que pueden ser tanto las leyes que influyen directamente en el suceso, como los supuestos auxiliares que también sean leyes; y los enunciados singulares, que son la descripción de las condiciones iniciales que pueden observarse, y más supuestos auxiliares, distintos de los anteriores, que se suponen verdaderos, y que participan de modo indirecto en que se produzca el hecho que se explica o predice.

Por último señalar que debido a los procesos probabilísticos que se producen a nivel subatómico, y por la dificultad de realizar predicciones exactas en las ciencias sociales, se ha desarrollado un nuevo modelo de explicación científica que introduce en sus premisas enunciados de probabilidad, dando lugar a una predicción y explicación probabilística.

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[1] O, si no todos, sí al menos la mayoría de ellos, que son deducidos a partir de los Axiomas. Otros filósofos piensan que la matemática son juicios sintéticos a priori. Otros dudan del mismo concepto de analiticidad.

[2] El relativismo no asumiría que la explicación científica tenga que caracterizarse y diferenciarse de las demás por ser racional, al menos no por ser completamente racional y por ello preferible a otras.

[3] Hempel.- Filosofía de la Ciencia Natural. Alianza Editorial. Madrid 1973. Sin embargo, hoy en día, se ha puesto en duda la veracidad del hecho.

[4] C. G. Hempel, Filosofía de la ciencia natural. págs 16-20 Alianza 

[5] No todo el proceso de racionalidad científica se centra en la demarcación y en la justificación. También se encuentra el problema de la elección entre teorías científicas alternativas justificadas. En esos casos se utilizan criterios más heurísticos como el de Simplicidad, también conocido como Navaja de Ockam. Según este criterio serán preferibles las teorías e hipótesis simples, ya sea en número de elementos o número de leyes, frente a las complejas; esto será así cuando la complicación no conlleve un aumento en la capacidad predictiva de la teoría o hipótesis.  Otro muestra de indicador de elección entre teorías sería la congruencia de las teorías con el resto del conocimiento científico.

[6] El Positivismo Lógico propuso como criterio de demarcación que la hipótesis debería ser significativa; es decir tener un significado. Entendiendo por tal la posibilidad de demostrarse que era verdadera o falsa; porque lo que no se puede demostrar —o mostrar— como verdadero o falso es que no tenía significado. Las críticas falsacionistas a la inducción mostraron la dificultad para señalar que una presunta ley científica era definitivamente verdadera. Eso posibilito la adopción del criterio falsacionista como sustitución del criterio "verificacionista" o de "significado".

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Esta página se actualizó por última vez el 18/03/2010