El realismo epistemológico considera que el propósito de la
ciencia es establecer el conjunto de enunciados verdaderos, denominados
leyes científicas, que describen cómo se comporta el mundo.
Dentro del realismo científico cabe distinguir el positivismo lógico y
el falsacionismo.
El Positivismo Lógico, también llamado inductivismo o neopositivismo, es
la filosofía de la ciencia que parece responder a nuestras ideas previas
de cómo tiene que ser la ciencia.
Afirma que la investigación científica debe comenzar por una
observación libre de prejuicios teóricos sobre los hechos del mundo
que establezca de modo absoluto cuáles son los enunciados
observacionales verdaderos; así se conseguiría una base absolutamente
segura para la ciencia.
Sin embargo no es nada claro que sea así.
Para que eso fuera posible serían necesarias dos cosas. Primero
que fuéramos capaces de percibir los hechos libres de prejuicios; es
decir, percibir los hechos puros, tal y como son en la realidad; y
segundo que pudiéramos después trasladar esas observaciones a un
lenguaje que, a su vez, no estuviera contaminado por prejuicios
Respecto a percibir la realidad como ella es, de modo puro, la
psicología se muestra contraria a esa posibilidad al señalar que los
objetos que percibimos, resultan ser el producto tanto de las
aportaciones de nuestra subjetividad y cultura, como cuanto de la
acción del mundo exterior sobre nuestros órganos sensoriales.
En el tema de las fuentes directas del
conocimiento, al estudiar la experiencia, se estableció que al percibir
se agrupan las sensaciones que recibimos sueltas, por los órganos
sensoriales, en una unidad; y esto se consigue ordenando esas
sensaciones sueltas a través de introducir en ellas un concepto, que es
cultural, y que es quien proporciona sentido a lo percibido.
Y así, si dos personas entran en un laboratorio de
investigación, una de ellas científica y la otra profana en ese campo,
verán cosas distintas aunque reciban los mismos estímulos sensoriales;
porque mientras la profana quizá observe distintos tubos circulares y
personas atareadas en cuadros de mandos, el científico verá algo
distinto que puede ser un experimento en un acelerador de partículas;
realmente a la hora de describir lo visto, lo que hace absolutamente
divergente las explicaciones, es que el científico está mirando los
acontecimientos con una carga de teoría que le hace ver mucho más, con
más significados, que la persona profana.
Debido a esto los objetos pueden verse de maneras diferentes, pero eso
no significa que puedan verse de cualquier manera en absoluto.
Ni aun queriendo
podemos ver una silla cuando miramos el edificio del Escorial. Si
pudiéramos ver lo que quisiéramos al mirar cualquier objeto, entonces
podríamos ver, cuando miramos una pizarra vacía, la tercera página, por
ejemplo, del Quijote.
Y respecto a la posibilidad de expresar la experiencia que se tiene en
un lenguaje absolutamente neutro. Pero lo que ocurre es que cada persona
utilizará las palabras y conceptos con las que esté culturalmente
familiarizado para describir sus experiencias. Y así, una misma
experiencia puede ser "recogida" por proposiciones distintas.
Imaginemos que dos personas pasan cerca de una
fábrica de acero, uno de ellos, que es profano en química, podría
percibir un olor que describiría como olor a huevos podridos,
mientras que la segunda persona, un químico preparado, podrían afirmar
que huele a dióxido de azufre. Las palabras utilizadas para
expresar la experiencia será distinta para cada uno de ellos, y
dependerá en cada caso del conocimiento previo del que percibe. Es
decir, el conocimiento anterior condiciona la expresión en proposiciones
de la experiencia. Y así, aunque el profano en química intente
establecer "libre de prejuicios" la verdad del enunciado de observación
"huele a huevos podridos" quizá esa proposición resulte que es falsa.
Un esquimal dispone de más de veinte palabras para
designar matices distintos del blanco, nosotros sólo una.
Otra característica del Positivismo Lógico
es su confianza en la inducción como el instrumento adecuado para
establecer cuáles sean las leyes científicas verdaderas.
Y por último el Positivismo Lógico considera que, según vayamos
aumentando nuestro fondo de observaciones, podremos ir incrementando
nuestro conocimiento de las leyes naturales verdaderas. Lo que da lugar
a un progreso científico que se caracteriza por ser acumulativo
[ii].
Sin embargo, no es eso lo que podemos observar
cuando se estudia cómo ha sido la historia de la ciencia.
En cualquier caso, si la ciencia progresara por acumulación de leyes
científicas, no podría ocurrir que pudiéramos declarar que una ley
científica tomada por cierta ha resultado posteriormente ser falsa, ya
que, en ese caso, la ciencia tendría que “retroceder” en sus
afirmaciones; sin embargo es así como ocurre.
A menudo se llega a la constatación de que ciertas
leyes que los científicos habían tomado hasta el momento por verdaderas,
resultan ser inválidas y deben ser sustituidas por otras.
Un ejemplo se esto es la sustitución de la mecánica
clásica de Newton por la teoría de la relatividad de Einstein; aunque
para cálculos que no requieran gran precisión se siga utilizando la
mecánica clásica como un instrumento de cálculo más sencillo.
El falsacionismo coincide con el inductivismo en que la ciencia
tiene como misión intentar describir racionalmente cómo es realmente el
mundo.
Sin embargo, y de modo contrario al Positivismo Lógico, rechaza que la
inducción sea un método científico, que el progreso científico sea la
acumulación de leyes científicas verdaderas, y que exista una
observación de los hechos libre de prejuicios teóricos.
El falsacionista considera que no hay ningún procedimiento que pueda
demostrar que las leyes científicas que se adoptan como válidas sean
realmente verdaderas. La posibilidad de que en el futuro se demostrase
que son falsas siempre está abierta.
La labor del científico no es establecer qué leyes científicas sean
verdaderas, eso no es posible, sino la de intentar refutar las
supuestas leyes científicas. De manera que cuando nos encontramos con
una supuesta ley científica, que no somos capaces de refutar, la
adoptamos como válida mientras no existan ulteriores experiencias que
consigan refutarla.
Y en eso consiste el conocimiento científico, en el conjunto de leyes
naturales que, tras ponerlas a prueba, no somos capaces de demostrar que
son falsas
Por ejemplo, si estudiamos, a través de
experimentos, si una supuesta ley que afirmase que un metal, cuando es
calentado, no se dilata, podríamos comprobar que no es así, que es una
ley falsa, ya que al calentar los metales estos se dilatan.
En cambio, la ley que afirma que los metales se
dilatan al calentarse resiste cualquiera de nuestros intentos por
demostrar que es falsa.
No podemos demostrar que esa ley sea verdadera, en
el futuro podría haber alguna experiencia que demostrase que no se
cumple siempre; es decir, que es falsa. Pero en el presente es nuestra
mejor opción, ya que aunque no podemos demostrar que ella sea verdadera
sí podemos mostrar que sus alternativas son falsas.
Y así, aunque no podamos nunca afirmar que hemos llegado a la verdad sí
podemos afirmar, según Popper, que a través de ese proceso de criba
sobre las teorías científicas, cada nueva teoría nos acerca cada vez más
a la verdad.
Y en esto consiste el progreso científico, no en un proceso de
acumulación de leyes científicas verdaderas, pero sí en un aumento de
la verosimilitud de nuestros conocimiento científico.
Nunca llegaremos a saber si nuestro conocimiento científico es realmente
verdadero, pero sabemos que cada vez nos acercamos más a ese ideal.
Las filosofías de la ciencia antirrealistas considerarán que la ciencia
no tiene como objetivo establecer enunciados verdaderos. Es decir, las
leyes científicas no describen cómo es realmente el mundo; no son ni
verdaderas ni falsas si por verdadero o falso entendemos algo absoluto.
En el antirrealismo se incluye el instrumentalismo y el relativismo
2.1 El
instrumentalismo.
Los instrumentalistas han considerado, contra lo afirmado por
inductivistas y falsacionistas, que la ciencia no tiene la finalidad de
describir cómo sea realmente el mundo.
La ciencia sería, en vez de eso, una teoría racional que se acepta por
ser útil para predecir y explicar el comportamiento del mundo, sin que
por ello tenga que ocurrir que esa teoría esté describiendo cómo es
realmente el mundo.
Y por tanto sea verdadera o falsa en el sentido de
la verdad como correspondencia.
Lo que distingue a estos filósofos de los anteriores es que, para éstos,
no es necesario que los enunciados científicos sean verdaderos, o
pretendan serlo, para estar racionalmente justificado aceptarlos; basta
con que sirvan a la hora de describir y predecir los hechos que se ven
en la experiencia.
Por ejemplo; un inductivista, o un falsacionista,
podrían afirmar que la ley de la gravedad está describiendo algo real
del mundo, la gravedad, de manera que la ley indica cómo se comporta esa
realidad denominada "gravedad" en su interacción con las cosas del
mundo. Un instrumentalista, sin embargo, señalaría que no es necesario
afirmar que la gravedad exista realmente en el mundo; la "gravedad" sólo
es un artilugio teórico que nos sirve para predecir y explicar lo que se
ve en la experiencia, pero sólo es una construcción mental, no existe
fuera de nuestra teoría; es decir, no es "real".
Según el instrumentalista la ciencia opera traduciendo lo real, aquello
de lo que tenemos experiencia, a términos científicos que se distinguen
por ser matematizables.
Por ejemplo, traduce las cosas reales, como un
planeta moviéndose por el cielo, a términos como "masa" "velocidad",
"distancia", "fuerza"…
A continuación se incrusta, esa traducción de lo real en términos
científicos, en la ley, o leyes, pertinente al tema que se esté
tratando.
Por ejemplo la de la gravedad, y entonces se daría
valor numérico a las variables de masa, distancia, fuerza…
Se calcula con la formula obtenida, y se obtiene un resultado en
términos científicos; una predicción científica.
Por ejemplo que las masas se atraen con una fuerza
determinada numéricamente. Y que, por tanto, una de las masa se situarán
en un tiempo t, en el lugar del espacio x, y, z.
A continuación se traduce esa predicción científica obtenida a conceptos
reales que pueden ser observados..
Y así predice que, si se mira a las siete de la
tarde, a un lugar concreto del cielo, se podrá ver que allí está Marte.
El instrumentalista no niega que exista aquello de lo que tiene
percepción directa —como Marte— lo que niega es que las leyes
científicas, y los términos que las forman —como masa o fuerza—
existan en la realidad.
Esos términos, como las leyes de las que forman parte, sólo son
instrumentos teóricos para producir predicciones y explicaciones, pero
sin existencia "real" fuera de la teoría científica en la que aparecen.
"Si
con el conjunto de proposiciones físicas formamos un corpus y le
llamamos “teoría física”, tendremos que en la física actual las
proposiciones integrantes de la “teoría física” no tienen
correspondencia similar con la Realidad, es decir, que a cada
proposición de la “teoría física” no corresponde nada en la Realidad, y
menos aún se parece lo enunciado por cada proposición física a algo
real; o en términos vulgares: lo que la teoría física nos dice, su
contenido, no tiene que ver con la Realidad de la cual nos habla. La
cosa es estupefaciente pero, en admisible esquematismo, es así. El único
contacto entre la “teoría física” y la Realidad consiste en que ella nos
permite predecir ciertos hechos reales, que son los experimentos. Según
esto, la física actual no pretende ser presencia de la Realidad al
pensamiento, puesto que éste, en la “teoría física”, no pretende estar
en correspondencia similar con ella.
Herman Weyl
da expresión gráfica a este extraño carácter de la ciencia física, que
se ha hecho por completo manifiesto en la actual, representa la “teoría
física”, el corpus interior de la proposiciones físicas, con esta figura
TEORÍA
y la
Realidad por la línea
REALIDAD
si
colocamos aquella sobre ésta, tendremos
TEORÍA
REALIDAD
a
b
c
d
que T no
coincide con R, sino en los puntos a b c d. Estos puntos son los
experimentos; pero el resto de los contenidos de la teoría física —los
puntos restantes de la figura, los interiores a su área— no coincide
con los puntos de la Realidad. No hay, pues, similaridad alguna. No
hay correspondencia de identidad entre los contenidos o puntos
interiores de la teoría y las partes de la Realidad. Lo que hay que
comparar con las partes de la Realidad, no son partes de la teoría
sino el conjunto de esta. Su correspondencia está garantizada por los
experimentos, no por la similaridad. ¿Qué forma de correspondencia es
esta? El modo de pensar que ejercita la “teoría física” comienza por
encerrar a ésta dentro de sí misma y crear en su ámbito fantástico un
mundo —sistema, orden o serie— de objetos que no se parecen nada a los
fenómenos reales. Ese sistema imaginario intrateórico, por lo mismo
que es imaginario (como toda matemática), logra ser inequívoco. Esto
permite comparar de manera inequívoca el orden de objetos
fantástico a los fenómenos reales, descubriendo si estos se dejan
ordenar en un sistema o serie isomorfos con aquel. Esta comparación
inequívoca es la experimentación. Cuando el resultado de ella es
positivo, queda establecida una correspondencia disimilar, pero uni-unívoca,
entre la serie de los fenómenos fantásticos y la serie de los objetos
reales (fenómenos). Entre los objetos de una y otra serie no hay
parecido ninguno; por eso la correspondencia es disimilar. Lo único
que hay de similar es el orden entre ambas.
Ortega y Gasset. La Idea de Principio en Leibniz. Alianza,
Págs. 30-32"
2.2
El Relativismo.
Un cuarto grupo de filósofos, denominados de variadas maneras
[iii],
y que por tener en común su relativismo epistemológico vamos a denominar
relativistas, consideran que la ciencia no es una actividad más
racional que la magia, la religión o el mito.
Para el relativista la ciencia sólo es el nuevo
mito, predominante de nuestro tiempo, que intenta desacreditar a otras
alternativas de pensamiento, como puede ser la magia, la adivinación, y
los propios mitos, con el pretexto de tener una mayor legitimidad
racional, cuando, en realidad, no es más racional que éstas.
La ciencia no es más que ideología que se encubre con el barniz de la
“racionalidad”,
Y así, el cambio científico no se produce por el triunfo de las ideas
más razonables, sino por una lucha de intereses, de poderes, de
marketing, influencias y persuasiones que, ajenas a cualquier control
racional, sólo tienen como fin imponer su concepción ideológica como la
única válida.
Para defender su teoría el relativista suele apoyarse en la
infradeterminación de las teorías, y mantener la inconmensurabilidad de
los paradigmas.
Lo que esa expresión quiere decir es que, para cualquier colección de
hechos, hay más de una teoría que los explica; y por eso que se afirma
que la teoría está infradeterminada por la evidencia, o colección de
hechos.
La infradeterminación es parecida a la objeción que
se le ponía a la inducción y que daba lugar al problema del verdul. Sólo
que, aquí, en vez de haber muchas generalizaciones distintas capaces de
explicar una misma colección de hechos; se trata de que haya diferente
de teorías alternativas capaces de explicar los mismos hechos.
Supongamos, por ejemplo, que tenemos un ordenador
que va generando números naturales. Hasta este momento ha producido: <2,
4> -estos números ejemplifican los hechos, ahora se trata de establecer
una ley que explique los números que ya han aparecido y prediga el
próximo número que vaya a dar el ordenador -análogamente sería
establecer una ley que pudiera explicar los hechos pasados y predecir el
siguiente hecho. Pues bien, podríamos suponer que la ley matemática sea
2
n, en la que “n” va tomando los valores del conjunto de los
números naturales <1, 2, 3,…>, de manera que:
para n=1 ------------ 2n=2
para n=2 ------------ 2n=4
y así con esa ley podemos explicar los dos primeros
números del ordenador <2,4> y predecir que el próximo número será:
para n=3 ------------ 2n=8
Pero esa ley no es la única ley posible, también
podría pasar que esos dos primeros números se explicasen con otra ley,
por ejemplo 2n, en la que “n” va tomando los valores del conjunto de los
números naturales <1, 2, 3,…>, de manera que:
y así, con esta nueva ley, también podemos explicar
el conjunto <2,4> y predecir que el próximo número será;
para n=3 ------------- 2n=6
Como se ve ante una misma colección de números
<2,4> -o hechos- caben distintas leyes explicativas. Por supuesto que si
esperásemos al siguiente número podríamos decidir entre esas dos leyes
-2
n y 2n- cuál sea la correcta, pero es que aún cabe un
conjunto indeterminado -infinito- de posibles leyes -distintas entre sí,
y son distintas porque predicen un número diferente a las demás en
cualquier posición y por tanto no son lógicamente equivalentes- que
puede dar cuenta de cualquier colección finita de números naturales. Y
de manera análoga también son posible un conjunto infinito de leyes
naturales distintas para cualquier colección de hechos.
Luego los hechos son incapaces de determinar unívocamente cuál sea la
teoría verdadera. Sólo permiten descartar entre algunas posibles
alternativas, pero sin llegar en ningún caso a una única posibilidad.
La consecuencia que algunos relativistas sacan de aquí es que, si los
hechos infradeterminan las teorías, es que entonces no disponemos de
ningún procedimiento racional para poder decidir entre teorías
alternativas cuál sea la mejor.
Otros filósofos no relativistas considerarían que
se puede discriminar racionalmente entre diversas teorías alternativas,
e infradeterminadas por los hechos, a través de otros criterios
epistemológicos, como la simplicidad en la explicación, la
compatibilidad con otras teorías, etc.
Los paradigmas son los principios de la rama científica que los
científicos que trabajan en ella no discuten, y enmarca la investigación
científica.
En última instancia son los responsables del marco teórico que nos ayuda
a entender y percibir la realidad.
Toda nuestra percepción está condicionada por el
marco social y cultural en el que nos encontramos; especialmente por
nuestros conocimientos teóricos. Este marco social y cultural es que
representa los paradigmas.
No es igual la comprensión y percepción de la
realidad que tenga un habitante de una tribu amazónica que nosotros. En
la selva, nosotros, no percibiríamos lo mismo que él, porque no
entenderíamos mucho de lo que vemos como él lo hace. Y viceversa, la
compresión de los fenómenos no es la misma para él que para nosotros;
nuestras categorías de comprensión son distintas.
En ciencia los paradigmas son responsables de la orientación
científica de las investigaciones en el ámbito regido por el
paradigma; y por tanto, de qué pueda ser un problema científico
a explicar por la teoría.
Un ejemplo de paradigma sería el paradigma
geocéntrico de Ptolomeo frente a la opción heliocéntrica de Copérnico.
Copérnico consideraba que la Tierra daba vueltas
alrededor del Sol. Por eso, un problema a investigar por esa teoría
podría ser por qué no se origina un constante viento desde la dirección
del movimiento, o porqué no salimos todos despedidos de la Tierra por la
fuerza centrífuga. Sin embargo, Ptolomeo consideraba que la Tierra no se
movía a través del espacio. En ese paradigma no tienen sentido esas
preguntas; la investigación científica se orienta de modo distinto, los
problemas son diferentes, dependiendo de cuál sea el paradigma desde el
que se trabaje.
Del tipo de solución que será tomada como una solución aceptable al
problema.
Paradigmas distintos en biología han sido el
creacionismo y el evolucionismo. El primero asociado a una visión
teológica del mundo, el segundo a una visión más científica.
Para un creacionista las especies existentes fueron
creadas al principio de los tiempos por Dios, sin que haya habido
cambios en ellas. Desde esa postura, una respuesta adecuada al hecho de
que haya fósiles, pudiera ser que Dios los pusiera allí para probar
nuestra fe en su palabra; o que son las especies que no cabían en el
arca de Moisés, y que perecieron por el diluvio. Para el paradigma de
explicación evolucionista esas respuestas son absurdas. En realidad
ocurre que es el propio paradigma el que permite y ampara un tipo de
explicaciones y descarta otro.
¿Sería una explicación a la causa de una enfermedad
indicar que la persona que la sufre fue malvada? ¿O que es una prueba de
Dios? Qué sea una buena respuesta a la pregunta depende desde qué
paradigma estemos preguntando y respondiendo.
De cuales son los hechos, y de qué hechos son importantes
para resolver o proponer problemas científicos, etc.
Desde el paradigma geocéntrico de Ptolomeo lo que
yo veo es que la Tierra no se mueve, veo aparecer al Sol y describir un
semicírculo a través del espacio. Pero si yo soy heliocentrista lo que
veo es que la Tierra, en la que estoy, gira y da la vuelta alrededor del
Sol. Tanto el paradigma heliocéntrico como el geocéntrico parecen
compartir muchas cosas, y aun así el que lo comparte "ve" algo distinto.
El hecho depende del paradigma desde el que se observa.
¿Ven las culturas las mismas cosas bellas o feas?
¿buenas o malas? Es la misma realidad la de un grupo humano en el que
su mismo lenguaje está diseñado para expresar realidades que, desde mi
cultura, no se perciben. Por ejemplo, cómo ve el mundo una persona que
no dispone, en su cultura, de una palabra para el verde, sino que
dispone de un término que, mal traducido a nuestra cultura,
significaría, "verde, hondo, sabroso, oscuro", a la vez, sin distinguir
entre esos cuatro calificativos. ¿No está expresando ese lenguaje una
cosmovisión del universo radicalmente distinta a la mía?
La labor normal del científico, lo que se denomina ciencia normal,
es la de intentar dar cuenta, bajo el marco explicativo del paradigma
establecido, de las discrepancias entre lo que la teoría predice y lo
que ocurre en la realidad, que es lo que se denomina anomalías
En ocasiones ocurre que esas anomalías se multiplican, y parece como si
la investigación científica quedara suspendida, porque la ciencia no es
capaz de explicar, la mayoría de los problemas que se abren ante ella.
En esas condiciones puede abrirse un periodo denominado ciencia
revolucionaria que es aquel periodo en el que el paradigma
explicativo comúnmente aceptado empieza a ser cuestionado, generalmente,
por su ineficacia explicativa.
En esos momentos, suelen aparecer propuestas muy audaces que se
cuestionan la validez de toda la rama científica que se trate, y
proponen alternativas explicativas que suponen dar por inválido el
paradigma antiguo y adoptar un nuevo.
El cambio de paradigma supone un cambio en la visión de los hechos, de
manera que muchos de los problemas, que eran anomalías para la ciencia
normal del anterior paradigma, dejan de tener sentido en el nuevo
paradigma.
Y así, el nuevo paradigma explicará todos los
hechos —o la mayoría— pero desde una óptica distinta, es como si dijese
"si todo se viese desde este punto de vista, entonces no habría tales
problemas", y a partir de esto un nuevo proyecto de investigación se
inicia.
Es desde la noción de paradigma desde donde
puede aclararse la noción de progreso científico.
Tradicionalmente se había considerado que el conocimiento científico
progresaba de modo acumulativo, incrementando de manera paulatina y
continua el conjunto de leyes que se adoptan como verdaderas.
Sin embargo, si se atiende a la historia de la ciencia, se
comprueba que no es así, que el progreso científico no consiste en un
incremento por acumulación sistemática de conocimientos, sino que más
bien ocurre que la ciencia progresa a "saltos", representando cada uno
de esos saltos un cambio en el paradigma explicativo.
De modo que en cada cambio de paradigma se declara inválido una gran
parte, si no todo, el conocimiento que hasta ese momento se tenía
“acumulado” como verdadero en la disciplina científica en la que se da
ese cambio.
Pues bien, la tesis relativista va a considerar que los paradigmas son
inconmensurables entre sí, entendiendo por tal que no podemos
medirlos entre sí, compararlos, para poder decir cuál sea mejor entre
ellos.
Y una de las razones más usuales que el relativista aduce es que, si los
paradigmas dicen cómo hay que ver la realidad y con qué lenguaje
expresarla, entonces dados dos paradigmas distintos tendremos dos modos
distintos de ver la realidad y dos lenguajes diferentes para expresarla,
de manera que, o bien miramos y nos expresamos desde el punto de vista
de uno de ellos, o desde el otro, pero no dispondríamos de una mirada
objetiva desde el que ver la realidad sin los “anteojos” que los
paradigmas suponen.
Y así, la magia del hechicero de una tribu es una
técnica que parte de un paradigma para nosotros absurdo, pero por las
mismas razones el hechicero puede entender, desde su paradigma, que
nuestra medicina es ridícula.
Y si intentamos competir con el hechicero en los
resultados nos encontraríamos con que los paradigmas son capaces de
"explicar" desde ellos mismos los fracasos y aciertos.
Por ejemplo, un sujeto puede ser diagnosticado
desde la medicina occidental como esquizofrénico, y desde el paradigma
del hechicero como poseído por un espíritu. Si resulta que la medicina
occidental no lo cura siempre podemos recurrir al hecho de que estuvo
mal diagnosticado, a que es un tipo de esquizofrenia para la que aún no
tenemos fármacos adecuados, a que el medicamento que le dimos estaba en
mal estado…, es decir, siempre podemos "proteger" las nociones
importantes del paradigmas debilitando proposiciones secundarias. Y si
el hechicero lo cura podemos interpretarlo desde nuestro paradigma como
una curación por "sugestión". Análogamente, si el hechicero no puede
curarlo puede decir que el espíritu ocupante es muy "poderoso", y si
observa como el médico occidental lo cura aún puede señalar que la
medicina que le suministró tenía poderes "mágicos"… En cualquiera de los
casos, dirían los relativistas, no hay un hecho común. El hecho, "lo que
pasó" se percibe e interpreta de modo distinto e inconmensurable
dependiendo del paradigma de la cultura. Por tanto no es posible
comparar los paradigmas entre sí: todo vale.
Sin embargo, algunos críticos al relativismo epistemológico han señalado
que un paradigma puede ser rechazado por llevar a autocontradicciones, o
por ser incapaz de explicar y predecir con la suficiente eficacia como
para permitir una adecuada tecnología.
[i]
En el tema de las fuentes indirectas ya se enunciaron algunas
críticas a la inducción.
[ii]
Esto ha sido puesto en duda, de forma convincente, a partir de la
noción de paradigma, que se verá al tratar el relativismo, y de los
estudios sobre la historia y la práctica científica.