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Epistemología

 

 

1.     El realismo epistemológico.

1.1     El Positivismo Lógico.

1.2     El Falsacionismo.

2.     Antirrealismo epistemológico.

2.1     El Instrumentalismo.

2.2     El Relativismo.

22.1     La infradeterminación de las teorías.

22.2     La inconmensurabilidad de los paradigma.

 

Introducción Filosofía
Identidad y Cambio
Filosofía de la Mente
Apariencia y Realidad
Gnoseología
Fuentes Directas
Fuentes Indirectas
Epistemología
La Actividad Científica
Lenguaje Natural
Lógica Enunciados
Tablas de Verdad
Ética

1           El realismo epistemológico.

El realismo epistemológico considera que el propósito de la ciencia es establecer el conjunto de enunciados verdaderos, denominados leyes científicas, que describen cómo se comporta el mundo.

Dentro del realismo científico cabe distinguir el positivismo lógico y el falsacionismo.

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1.1           El Positivismo Lógico.

El Positivismo Lógico, también llamado inductivismo o neopositivismo, es la filosofía de la ciencia que parece responder a nuestras ideas previas de cómo tiene que ser la ciencia.

Afirma que la investigación científica debe comenzar por una observación libre de prejuicios teóricos sobre los hechos del mundo que establezca de modo absoluto cuáles son los enunciados observacionales verdaderos; así se conseguiría una base absolutamente segura para la ciencia.

Sin embargo no es nada claro que sea así.

Para que eso fuera posible serían necesarias dos cosas. Primero que fuéramos capaces de percibir los hechos libres de prejuicios; es decir, percibir los hechos puros, tal y como son en la realidad; y segundo que pudiéramos después trasladar esas observaciones a un lenguaje que, a su vez, no estuviera contaminado por prejuicios

Respecto a percibir la realidad como ella es, de modo puro, la psicología se muestra contraria a esa posibilidad al señalar que los objetos que percibimos, resultan ser el producto tanto de las aportaciones de nues­tra subjetividad y cultura, como cuanto de la acción del mundo exterior sobre nuestros órganos sensoriales.

En el tema de las fuentes directas del conocimiento, al estudiar la experiencia, se estableció que al percibir se agrupan las sensaciones que recibimos sueltas, por los órganos sensoriales, en una unidad; y esto se consigue ordenando esas sensaciones sueltas a través de introducir en ellas un concepto, que es cultural, y que es quien proporciona sentido a lo percibido.

Y así, si dos personas entran en un laborato­rio de investiga­ción, una de ellas científica y la otra profana en ese campo, verán cosas distintas aunque reciban los mismos estímulos sensoriales; porque mientras la profana quizá observe distintos tubos circu­lares y personas atareadas en cuadros de mandos, el científico verá algo distinto que puede ser un experimento en un acelerador de partículas; realmente a la hora de describir lo visto, lo que hace absoluta­mente diver­gente las explicacio­nes, es que el cientí­fico está mirando los acontecimien­tos con una carga de teoría que le hace ver mucho más, con más signi­ficados, que la persona profana.

Debido a esto los objetos pueden verse de mane­ras diferentes, pero eso no significa que puedan verse de cualquier manera en absoluto.

Ni aun queriendo podemos ver una silla cuando miramos el edificio del Escorial. Si pudiéramos ver lo que quisiéramos al mirar cualquier objeto, entonces podríamos ver, cuando miramos una pizarra vacía, la tercera página, por ejemplo, del Quijote.

Y respecto a la posibilidad de expresar la experiencia que se tiene en un lenguaje absolutamente neutro. Pero lo que ocurre es que cada persona utilizará las palabras y conceptos con las que esté culturalmente familiarizado para describir sus experiencias. Y así, una misma experiencia puede ser "recogida" por proposiciones distintas.

Imaginemos que dos personas pasan cerca de una fábrica de acero, uno de ellos, que es profano en química, podría percibir un olor que describiría como olor a huevos podridos, mientras que la segunda persona, un químico prepa­rado, podrían afirmar que huele a dióxido de azufre. Las palabras utilizadas para expresar la experiencia será distinta para cada uno de ellos, y dependerá en cada caso del conocimiento previo del que percibe. Es decir, el conocimiento anterior condiciona la expresión en proposiciones de la experiencia. Y así, aunque el profano en química  intente establecer "libre de prejuicios" la verdad del enunciado de observación "huele a huevos podridos" quizá esa proposición resulte que es falsa.

Un esquimal dispone de más de veinte palabras para designar matices distintos del blanco, nosotros sólo una.

Otra característica del Positivismo Lógico es su confianza en la inducción como el instrumento adecuado para establecer cuáles sean las leyes científicas verdaderas.

[i]

Y por último el Positivismo Lógico considera que, según vayamos aumentando nuestro fondo de observaciones, podremos ir incrementando nuestro conocimiento de las leyes naturales verdaderas. Lo que da lugar a un progreso científico que se caracteriza por ser acumulativo

[ii].

Sin embargo, no es eso lo que podemos observar cuando se estudia cómo ha sido la historia de la ciencia.

En cualquier caso, si la ciencia progresara por acumulación de leyes científicas, no podría ocurrir que pudiéramos declarar que una ley científica tomada por cierta ha resultado posteriormente ser falsa, ya que, en ese caso, la ciencia tendría que “retroceder” en sus afirmaciones; sin embargo es así como ocurre.

 A menudo se llega a la constatación de que ciertas leyes que los científicos habían tomado hasta el momento por verdaderas, resultan ser inválidas y deben ser sustituidas por otras.

Un ejemplo se esto es la sustitución de la mecánica clásica de Newton por la teoría de la relatividad de Einstein; aunque para cálculos que no requieran gran precisión se siga utilizando la mecánica clásica como un instrumento de cálculo más sencillo.

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1.2           El Falsacionismo.

El falsacionismo coincide con el inductivismo en que la ciencia tiene como misión intentar describir racionalmente cómo es realmente el mundo.

Sin embargo, y de modo contrario al Positivismo Lógico, rechaza que la inducción sea un método científico, que el progreso científico sea la acumulación de leyes científicas verdaderas, y que exista una observación de los hechos libre de prejuicios teóricos.

El falsacionista considera que no hay ningún procedimiento que pueda demostrar que las leyes científicas que se adoptan como válidas sean realmente verdaderas. La posibilidad de que en el futuro se demostrase que son falsas siempre está abierta.

La labor del científico no es establecer qué leyes científicas sean verdaderas, eso no es posible, sino la de intentar refutar las supuestas leyes científicas. De manera que cuando nos encontramos con una supuesta ley científica, que no somos capaces de refutar, la adoptamos como válida mientras no existan ulteriores experiencias que consigan refutarla.

Y en eso consiste el conocimiento científico, en el conjunto de leyes naturales que, tras ponerlas a prueba, no somos capaces de demostrar que son falsas

Por ejemplo, si estudiamos, a través de experimentos, si una supuesta ley que afirmase que un metal, cuando es calentado, no se dilata, podríamos comprobar que no es así, que es una ley falsa, ya que al calentar los metales estos se dilatan.

En cambio, la ley que afirma que los metales se dilatan al calentarse resiste cualquiera de nuestros intentos por demostrar que es falsa.

No podemos demostrar que esa ley sea verdadera, en el futuro podría haber alguna experiencia que demostrase que no se cumple siempre; es decir, que es falsa. Pero en el presente es nuestra mejor opción, ya que aunque no podemos demostrar que ella sea verdadera sí podemos mostrar que sus alternativas son falsas.

Y así, aunque no podamos nunca afirmar que hemos llegado a la verdad sí podemos afirmar, según Popper, que a través de ese proceso de criba sobre las teorías científicas, cada nueva teoría nos acerca cada vez más a la verdad.

Y en esto consiste el progreso científico, no en un proceso de acumulación de leyes científicas verdaderas, pero sí en un aumento de la verosimilitud de nuestros conocimiento científico.

Nunca llegaremos a saber si nuestro conocimiento científico es realmente verdadero, pero sabemos que cada vez nos acercamos más a ese ideal.

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2            Antirrealismo epistemológico.

Las filosofías de la ciencia antirrealistas considerarán que la ciencia no tiene como objetivo establecer enunciados verdaderos. Es decir, las leyes científicas no describen cómo es realmente el mundo; no son ni verdaderas ni falsas si por verdadero o falso entendemos algo absoluto. En el antirrealismo se incluye el instrumentalismo y el relativismo

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2.1           El instrumentalismo.

Los instrumentalistas han considerado, contra lo afirmado por inductivistas y falsacionistas, que la ciencia no tiene la finalidad de describir cómo sea realmente el mundo.

La ciencia sería, en vez de eso, una teoría racional que se acepta por ser útil para predecir y explicar el comportamiento del mundo, sin que por ello tenga que ocurrir que esa teoría esté describiendo cómo es realmente el mundo.

Y por tanto sea verdadera o falsa en el sentido de la verdad como correspondencia.

Lo que distingue a estos filósofos de los anteriores es que, para éstos, no es necesario que los enunciados científicos sean verdaderos, o pretendan serlo, para estar racionalmente justificado aceptarlos; basta con que sirvan a la hora de describir y predecir los hechos que se ven en la experiencia.

Por ejemplo; un inductivista, o un falsacionista, podrían afirmar que la ley de la gravedad está describiendo algo real del mundo, la gravedad, de manera que la ley indica cómo se comporta esa realidad denominada "gravedad" en su interacción con las cosas del mundo. Un instrumentalista, sin embargo, señalaría que no es necesario afirmar que la gravedad exista realmente en el mundo; la "gravedad" sólo es un artilugio teórico que nos sirve para predecir y explicar lo que se ve en la experiencia, pero sólo es una construcción mental, no existe fuera de nuestra teoría; es decir, no es "real".

Según el instrumentalista la ciencia opera traduciendo lo real, aquello de lo que tenemos experiencia, a términos científicos que se distinguen por ser matematizables.

Por ejemplo, traduce las cosas reales, como un planeta moviéndose por el cielo, a términos como "masa" "velocidad", "distancia", "fuerza"…

A continuación se incrusta, esa traducción de lo real en términos científicos, en la  ley, o leyes, pertinente al tema que se esté tratando.

Por ejemplo la de la gravedad, y entonces se daría valor numérico a las variables de masa, distancia, fuerza…

Se calcula con la formula obtenida, y se obtiene un resultado en términos científicos; una predicción científica.

Por ejemplo que las masas se atraen con una fuerza determinada numéricamente. Y que, por tanto, una de las masa se situarán en un tiempo t, en el lugar del espacio x, y, z.

A continuación se traduce esa predicción científica obtenida a conceptos reales que pueden ser observados..

Y así predice que, si se mira a las siete de la tarde, a un lugar concreto del cielo, se podrá ver que allí está Marte.

El instrumentalista no niega que exista aquello de lo que tiene percepción directa —como Marte— lo que niega es que las leyes científicas, y los términos que las forman —como masa o fuerza— existan en la realidad.

Esos términos, como las leyes de las que forman parte, sólo son instrumentos teóricos para producir predicciones y explicaciones, pero sin existencia "real" fuera de la teoría científica en la que aparecen.

"Si con el conjunto de proposiciones físicas formamos un corpus y le llamamos “teoría física”, tendremos que en la física actual las proposiciones integrantes de la “teoría física” no tienen correspondencia similar con la Realidad, es decir, que a cada proposición de la “teoría física” no corresponde nada en la Realidad, y menos aún se parece lo enunciado por cada proposición física a algo real; o en términos vulgares: lo que la teoría física nos dice, su contenido, no tiene que ver con la Realidad de la cual nos habla. La cosa es estupefaciente pero, en admisible esquematismo, es así. El único contacto entre la “teoría física” y la Realidad consiste en que ella nos permite predecir ciertos hechos reales, que son los experimentos. Según esto, la física actual no pretende ser presencia de la Realidad al pensamiento, puesto que éste, en la “teoría física”, no pretende estar en correspondencia similar con ella.

Herman Weyl da expresión gráfica a este extraño carácter de la ciencia física, que se ha hecho por completo manifiesto en la actual, representa la “teoría física”, el corpus interior de la proposiciones físicas, con esta figura

 

TEORÍA

 

 

 

 

 

 

 

 

     y la Realidad por la línea

REALIDAD

    

 

     si colocamos aquella sobre ésta, tendremos

 

TEORÍA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

REALIDAD

 

 

 

a

 

b

 

c

 

       d

 

 

que T no coincide con R, sino en los puntos a b c d. Estos puntos son los experimentos; pero el resto de los contenidos de la teoría física —los puntos restantes de la figura, los interiores a su área— no coincide con los puntos de la Realidad. No hay, pues, similaridad alguna. No hay correspondencia de identidad entre los contenidos o puntos interiores de la teoría y las partes de la Realidad. Lo que hay que comparar con las partes de la Realidad, no son partes de la teoría sino el conjunto de esta. Su correspondencia está garantizada por los experimentos, no por la similaridad. ¿Qué forma de correspondencia es esta? El modo de pensar que ejercita la “teoría física” comienza por encerrar a ésta dentro de sí misma y crear en su ámbito fantástico un mundo —sistema, orden o serie— de objetos que no se parecen nada a los fenómenos reales. Ese sistema imaginario intrateórico, por lo mismo que es imaginario (como toda matemática), logra ser inequívoco. Esto permite comparar de manera inequívoca el orden de objetos fantástico a los fenómenos reales, descubriendo si estos se dejan ordenar en un sistema o serie isomorfos con aquel. Esta comparación inequívoca es la experimentación. Cuando el resultado de ella es positivo, queda establecida una correspondencia disimilar, pero uni-unívoca, entre la serie de los fenómenos fantásticos y la serie de los objetos reales (fenómenos). Entre los objetos de una y otra serie no hay parecido ninguno; por eso la correspondencia es disimilar. Lo único que hay de similar es el orden entre ambas. Ortega y Gasset. La Idea de Principio en Leibniz. Alianza, Págs. 30-32"

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 2.2          El Relativismo.

Un cuarto grupo de filósofos, denominados de variadas maneras

[iii], y que por tener en común su relativismo epistemológico vamos a denominar relativistas, consideran que la ciencia no es una actividad más racional que la magia, la religión o el mito.

Para el relativista la ciencia sólo es el nuevo mito, predominante de nuestro tiempo, que intenta desacreditar a otras alternativas de pensamiento, como puede ser la magia, la adivinación, y los propios mitos, con el pretexto de tener una mayor legitimidad racional, cuando, en realidad, no es más racional que éstas.

La ciencia no es más que ideología que se encubre con el barniz de la “racionalidad”,

Y así, el cambio científico no se produce por el triunfo de las ideas más razonables, sino por una lucha de intereses, de poderes, de marketing, influencias y persuasiones que, ajenas a cualquier control racional, sólo tienen como fin imponer su concepción ideológica como la única válida.

Para defender su teoría el relativista suele apoyarse en la infradeterminación de las teorías, y mantener la inconmensurabilidad de los paradigmas.

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22.1          La infradeterminación de las teorías.

Lo que esa expresión quiere decir es que, para cualquier colección de hechos, hay más de una teoría que los explica; y por eso que se afirma que la teoría está infradeterminada por la evidencia, o colección de hechos.

La infradeterminación es parecida a la objeción que se le ponía a la inducción y que daba lugar al problema del verdul. Sólo que, aquí, en vez de haber muchas generalizaciones distintas capaces de explicar una misma colección de hechos; se trata de que haya diferente de teorías alternativas capaces de explicar los mismos hechos.

Supongamos, por ejemplo, que tenemos un ordenador que va generando números naturales. Hasta este momento ha producido: <2, 4> -estos números ejemplifican los hechos, ahora se trata de establecer una ley que explique los números que ya han aparecido y prediga el próximo número que vaya a dar el ordenador -análogamente sería establecer una ley que pudiera explicar los hechos pasados y predecir el siguiente hecho. Pues bien, podríamos suponer que la ley matemática sea 2

n, en la que “n” va tomando los valores del conjunto de los números naturales <1, 2, 3,…>, de manera que:

para n=1  ------------             2n=2

para n=2  ------------             2n=4

y así con esa ley podemos explicar los dos primeros números del ordenador <2,4> y predecir que el próximo número será:

para n=3  ------------             2n=8

Pero esa ley no es la única ley posible, también podría pasar que esos dos primeros números se explicasen con otra ley, por ejemplo 2n, en la que “n” va tomando los valores del conjunto de los números naturales <1, 2, 3,…>, de manera que:

para n=1  ------------             2n=2

para n=2  ------------             2n=4

y así, con esta nueva ley, también podemos explicar el conjunto <2,4> y predecir que el próximo número será;          

para n=3   -------------           2n=6

Como se ve ante una misma colección de números <2,4> -o hechos- caben distintas leyes explicativas. Por supuesto que si esperásemos al siguiente número podríamos decidir entre esas dos leyes -2

n y 2n- cuál sea la correcta, pero es que aún cabe un conjunto indeterminado -infinito- de posibles leyes -distintas entre sí, y son distintas porque predicen un número diferente a las demás en cualquier posición y por tanto no son lógicamente equivalentes- que puede dar cuenta de cualquier colección finita de números naturales. Y de manera análoga también son posible un conjunto infinito de leyes naturales distintas para cualquier colección de hechos.

Luego los hechos son incapaces de determinar unívocamente cuál sea la teoría verdadera. Sólo permiten descartar entre algunas posibles alternativas, pero sin llegar en ningún caso a una única posibilidad.

La consecuencia que algunos relativistas sacan de aquí es que, si los hechos infradeterminan las teorías, es que entonces no disponemos de ningún procedimiento racional para poder decidir entre teorías alternativas cuál sea la mejor.

Otros filósofos no relativistas considerarían que se puede discriminar racionalmente entre diversas teorías alternativas, e infradeterminadas por los hechos, a través de otros criterios epistemológicos, como la simplicidad en la explicación, la compatibilidad con otras teorías, etc.

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22.2          La inconmensurabilidad de los paradigma.

Los paradigmas son los principios de la rama científica que los científicos que trabajan en ella no discuten, y enmarca la investigación científica.

En última instancia son los responsables del marco teórico que nos ayuda a entender y percibir la realidad.

Toda nuestra percepción está condicionada por  el marco social y cultural en el que nos encontramos; especialmente por nuestros conocimientos teóricos. Este marco social y cultural es que representa los paradigmas.

No es igual la comprensión y percepción de la realidad que tenga un habitante de una tribu amazónica que nosotros. En la selva, nosotros, no percibiríamos lo mismo que él, porque no entenderíamos mucho de lo que vemos como él lo hace. Y viceversa, la compresión de los fenómenos no es la misma para él que para nosotros; nuestras categorías de comprensión son distintas.

En ciencia los paradigmas son respon­sables de la orientación científica de las investigaciones en el ámbito regido por el para­digma; y por tanto, de qué pueda ser un problema científico a explicar por la teoría.

Un ejemplo de paradigma sería el paradigma geocéntrico de Ptolomeo frente a la opción heliocéntrica de Copérnico.

Copérnico consideraba que la Tierra daba vueltas alrededor del Sol. Por eso, un problema a investigar por esa teoría podría ser por qué no se origina un constante viento desde la dirección del movimiento, o porqué no salimos todos despedidos de la Tierra por la fuerza centrífuga. Sin embargo, Ptolomeo consideraba que la Tierra no se movía a través del espacio. En ese paradigma no tienen sentido esas preguntas; la investigación científica se orienta de modo distinto, los problemas son diferentes, dependiendo de cuál sea el paradigma desde el que se trabaje.

Del tipo de solución que será tomada como una solución acep­table al problema.

Paradigmas distintos en biología han sido el creacionismo y el evolucionismo. El primero asociado a una visión teológica del mundo, el segundo a una visión más científica.

Para un creacionista las especies existentes fueron creadas al principio de los tiempos por Dios, sin que haya habido cambios en ellas. Desde esa postura, una respuesta adecuada al hecho de que haya fósiles, pudiera ser que Dios los pusiera allí para probar nuestra fe en su palabra; o que son las especies que no cabían en el arca de Moisés, y que perecieron por el diluvio. Para el paradigma de explicación evolucionista esas respuestas son absurdas. En realidad ocurre que es el propio paradigma el que permite y ampara un tipo de explicaciones y descarta otro.

¿Sería una explicación a la causa de una enfermedad indicar que la persona que la sufre fue malvada? ¿O que es una prueba de Dios? Qué sea una buena respuesta a la pregunta depende desde qué paradigma estemos preguntando y respondiendo.

De cuales son los hechos, y de qué hechos son importantes para resolver o proponer problemas científicos, etc.

Desde el paradigma geocéntrico de Ptolomeo lo que yo veo es que la Tierra no se mueve, veo aparecer al Sol y describir un semicírculo a través del espacio. Pero si yo soy heliocentrista lo que veo es que la Tierra, en la que estoy, gira y da la vuelta alrededor del Sol. Tanto el paradigma heliocéntrico como el geocéntrico parecen compartir muchas cosas, y aun así el que lo comparte "ve" algo distinto. El hecho depende del paradigma desde el que se observa.

¿Ven las culturas las mismas cosas bellas o feas? ¿buenas o malas? Es la misma realidad la de un grupo humano en el que su  mismo lenguaje está diseñado para expresar realidades que, desde mi cultura, no se perciben. Por ejemplo, cómo ve el mundo una persona que no dispone, en su cultura, de una palabra para el verde, sino que dispone de un término que, mal traducido a nuestra cultura, significaría, "verde, hondo, sabroso, oscuro", a la vez, sin distinguir entre esos cuatro calificativos. ¿No está expresando ese lenguaje una cosmovisión del universo radicalmente distinta a la mía?

La labor normal del científico, lo que se denomina ciencia normal,  es la de intentar dar cuenta, bajo el marco explicativo del paradigma establecido, de las discrepancias entre lo que la teoría predice y lo que ocurre en la realidad, que es lo que se denomina anomalías

En ocasiones ocurre que esas anomalías se multiplican, y parece como si la investigación científica quedara suspen­dida, porque la ciencia no es capaz de explicar, la mayoría de los problemas que se abren ante ella.

En esas condiciones puede abrirse un periodo denominado ciencia revolucionaria que es aquel periodo en el que el paradigma explicativo comúnmente aceptado empieza a ser cuestionado, generalmente, por su ineficacia explicativa.

En esos momentos, suelen aparecer propuestas muy audaces que se cuestionan la validez de toda la rama científica que se trate, y proponen alternativas explicativas que suponen dar por inválido el paradigma antiguo y adoptar un nuevo.

El cambio de paradigma supone un cambio en la visión de los hechos, de manera que muchos de los problemas, que eran anomalías para la ciencia normal del anterior paradigma, dejan de tener sentido en el nuevo paradigma.

Y así, el nuevo paradigma explicará todos los hechos —o la mayoría— pero desde una óptica distinta, es como si dijese "si todo se viese desde este punto de vista, entonces no habría tales problemas", y a partir de esto un nuevo proyecto de investigación se inicia.

Es desde la noción de paradigma desde donde puede aclararse la noción de progreso científico.

Tradicionalmente se había considerado que el conocimiento científico progresaba de modo acumulativo, incrementando de manera paulatina y continua el conjunto de leyes que se adoptan como verdaderas.

Sin embargo, si se atiende a la historia de la ciencia, se comprueba que no es así, que el progreso científico no consiste en un incremento por acumulación sistemática de conocimien­tos, sino que más bien ocurre que la ciencia progresa a "saltos", representando cada uno de esos saltos un cambio en el paradigma explicativo.

De modo que en cada cambio de paradigma se declara inválido una gran parte, si no todo, el conocimiento que hasta ese momento se tenía “acumulado” como verdadero en la disciplina científica en la que se da ese cambio.

Pues bien, la tesis relativista va a considerar que los paradigmas son inconmensurables entre sí, entendiendo por tal que no podemos medirlos entre sí, compararlos, para poder decir cuál sea mejor entre ellos.

Y una de las razones más usuales que el relativista aduce es que, si los paradigmas dicen cómo hay que ver la realidad y con qué lenguaje expresarla, entonces dados dos paradigmas distintos tendremos dos modos distintos de ver la realidad y dos lenguajes diferentes para expresarla, de manera que, o bien miramos y nos expresamos desde el punto de vista de uno de ellos, o desde el otro, pero no dispondríamos de una mirada objetiva desde el que ver la realidad sin los “anteojos” que los paradigmas suponen.

Y así, la magia del hechicero de una tribu es una técnica que parte de un paradigma para nosotros absurdo, pero por las mismas razones el hechicero puede entender, desde su paradigma, que nuestra medicina es ridícula.

Y si intentamos competir con el hechicero en los resultados nos encontraríamos con que los paradigmas son capaces de "explicar" desde ellos mismos los fracasos y aciertos.

Por ejemplo, un sujeto puede ser diagnosticado desde la medicina occidental como esquizofrénico, y desde el paradigma del hechicero como poseído por un espíritu. Si resulta que la medicina occidental no lo cura siempre podemos recurrir al hecho de que estuvo mal diagnosticado, a que es un tipo de esquizofrenia para la que aún no tenemos fármacos adecuados, a que el medicamento que le dimos estaba en mal estado…, es decir, siempre podemos "proteger" las nociones importantes del paradigmas debilitando proposiciones secundarias. Y si el hechicero lo cura podemos interpretarlo desde nuestro paradigma como una curación por "sugestión". Análogamente, si el hechicero no puede curarlo puede decir que el espíritu ocupante es muy "poderoso", y si observa como el médico occidental lo cura aún puede señalar que la medicina que le suministró tenía poderes "mágicos"… En cualquiera de los casos, dirían los relativistas, no hay un hecho común. El hecho, "lo que pasó" se percibe e interpreta de modo distinto e inconmensurable dependiendo del paradigma de la cultura. Por tanto no es posible comparar los paradigmas entre sí: todo vale.

Sin embargo, algunos críticos al relativismo epistemológico han señalado que un paradigma puede ser rechazado por llevar a autocontradicciones, o por ser incapaz de explicar y predecir con la suficiente eficacia como para permitir una adecuada tecnología.

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[i] En el tema de las fuentes indirectas ya se enunciaron algunas críticas a la inducción.

[ii] Esto ha sido puesto en duda, de forma convincente, a partir de la noción de paradigma, que se verá al tratar el relativismo,  y de los estudios sobre la historia y la práctica científica.

[iii] Sociólogos de la ciencia, posmodernos, constructivistas, etc.

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Esta página se actualizó por última vez el 18/03/2010