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EJEMPLO DE RESPUESTA

 

1. Con respecto al texto: sitúa al autor en su momento histórico (0’3), señala el tema o el problema del texto (0’3) y describe su estructura (0’4). Indica las ideas principales y explícalas.

El autor, J. Habermas, es un filósofo vivo en la actualidad que desde posiciones izquierdistas analiza algunos de los problemas actuales: el nacionalismo, la emigración, el multiculturalismo, el cientificismo…

El texto aborda el problema de cuál es el procedimiento más apropiado para resolver los conflictos en cuanto normas morales que se producen en nuestro mundo multicultural entre las diversas culturas y religiones.

La estructura del texto

 • Constatación de un hecho: en los debates éticos multiculturales las personas poco a poco son capaces de salir de su punto de vista y ponerse en la piel de los otros

• Constatación de una tendencia o dinámica: la anterior observación le sirve a Habermas para comprender la dinámica de las argumentaciones en ética: dialogar en ética es ser capaz de ponerse en el punto de vista de los otros.

• Conclusión: el discurso racional aparece como el procedimiento más apropiado para resolver un conflicto ético.

o Condición: si entendemos que se da realmente un diálogo cuando sólo obtienen aceptación aquellas normas morales que son igualmente buenas para todos.

o Razón: ya que se trata de un procedimiento que asegura la inclusión de todos los afectados y la consideración equitativa de todos los intereses en juego.

 Las ideas principales del texto y su explicación son: (1) que vivimos en un mundo multicultural en el que sobre las cuestiones éticas hay perspectivas diversas, debido a las diferentes religiones y culturas; (2) cuando se da un debate sobre las normas morales entre gente de cultura o religión diferente, los participantes van dejando de ver todo desde su propia perspectiva para ir poniéndose cada vez más en el lugar de los otros; bueno, quizás eso no sea siempre así, pero Habermas quiere decir que el verdadero diálogo ético implica esto, porque si todos siguieran inamovibles en sus posiciones iniciales, no habría diálogo, porque no tiene sentido debatir una cuestión si los que debaten no tienen la más mínima intención de escuchar al otro y de quizás cambiar sus ideas; (3) teniendo en cuenta esto, comprendemos que dialogar con otros argumentando en cuestiones éticas significa salir del propio punto de vista y ser capaz de entender los puntos de vista y los intereses de los otros, lo que significa que no hay diálogos éticos, ni ética misma, si no se da una cierta imparcialidad; ser bueno implica ir abandonando la propia perspectiva, dejar el egoísmo de la propia perspectiva e ir incluyendo en la manera de pensar los puntos de vista diferentes de los propios. (4) A partir de ahí se deduce que el procedimiento más moral para resolver los conflictos morales es una diálogo en condiciones de igualdad (si hay condiciones de igualdad en el diálogo sólo se aceptarán aquellas normas morales que sean igualmente buenas para todos); (5) la razón por la que Habermas saca esa conclusión es que es el único procedimiento que asegura la inclusión de todos los afectados y la consideración igualitaria de todos los intereses en juego. En conclusión, según Habermas, en un mundo multicultural y conflictivo como el nuestro la ética consiste en el diálogo, la igualdad y la imparcialidad.

 

2. Explica brevemente el desarrollo de la filosofía en la era contemporánea.

Podríamos decir que hay una primera etapa de optimismo y de confianza en las fuerzas del hombre, en su razón y su libertad, lo que se manifiesta en la filosofía del Idealismo alemán, que ofrece el reflejo idealista del optimismo con que la sociedad burguesa naciente sentía sus principales valores, la libertad de la Revolución francesa y la razón del siglo de la Ilustración, y presenta al hombre como expresión en el mundo de la Razón infinita. Luego en la parte central del siglo empieza a tomarse conciencia de los graves problemas e injusticias que se están produciendo en el proletariado; esto se refleja en una filosofía de la revolución como la de Marx, que quería acabar con el capitalismo e implantar el comunismo, o en filosofías reformistas, como el positivismo de Comte, que proponía abandonar la religión y la filosofía, ir a lo científico y organizar científicamente la sociedad, o el liberalismo utilitarista de J. S. Mill, que luchó por conseguir la felicidad para la mayor cantidad de gente posible, mediante la educación y el voto de obreros y mujeres. Aunque se da una mejora de los aspectos económico, social y político de las masas populares, sin embargo al final de siglo aparecen filosofías que ponen en tela de juicio absolutamente todo, como es el pensamiento de Nietzsche.

El siglo XX es un siglo muy complejo. En los inicios sigue las tendencias del siglo XIX: liberalismo económico-político, crecimiento científico-tecnológico y lucha de partidos obreros por ampliar los derechos políticos y económicos. En esta época se crea la filosofía analítica que se caracterizó por su admiración y respeto por las ciencias naturales y por su defensa del empirismo. Pero las dos guerras mundiales, sobre todo la segunda, supusieron una crisis en las conciencias de los hombres occidentales. El existencialismo (1927-±1950) intenta responder a esta sensación de vivir una vida sin sentido y a esta gran decepción. Frente a los imperios y a los totalitarismos que trataban las vidas humanas como si fueran trapos sucios sin ningún valor, ocasionando decenas de millones de muertos, el existencialismo protestaba contra la ruina del hombre, contra su despersonalización, contra el olvido del valor de cada individuo, contra el olvido de su singularidad, autonomía y responsabilidad. Frente a esa terrible experiencia hubo también otra respuesta, la de la llamada “Escuela de Francfort”, grupo de filósofos alemanes de tendencia marxista que querían hacer un análisis de las cosas que funcionaban mal en la sociedad para cambiarlas y que no se volvieran a repetir esos desastres. Por eso también se llama “teoría crítica” (1923-1968).

Habermas es de otra generación pero de alguna manera podríamos considerarle sucesor de los principales miembros de la Escuela de Francfort, pues sigue los postulados de la teoría crítica, pero señalando la existencia de una racionalidad dialógica que nos invita a dialogar en condiciones de igualdad sobre nuestros problemas, de manera que el acuerdo sobre normas morales al que lleguemos y que puedan aceptar todos los afectados se convertirá en un acuerdo racional y obligatorio.

En la tercera parte del siglo XX nuestro mundo está caracterizado por la mundialización de la economía de mercado y sus recurrentes crisis, por la expansión de las nuevas tecnologías, por la inmigración, el multiculturalismo y por la proliferación de movimientos de resistencia (feminismo, ecologismo, movimiento gay o movimientos anti-sistema). La filosofía de la postmodenidad (1979 – ±2003) es la respuesta a este mundo: critica el que se quiera defender un mundo uniforme y unívoco, la soberbia de creer que se puede dar fundamento y sentido a todo desde la razón, la vanidad del etnocentrismo europeo que se cree superior al resto del mundo o la sacralización de las grandes palabras de la modernidad (verdad, libertad, justicia, progreso). Su mirada es la de la contingencia, la reversibilidad, la fragmentación, la pluralidad, la interpretación, la diferencia…

 

 3. Expón la filosofía de Platón.

Platón quería ser un reformador político y pensaba que gobernar bien era un asunto de saber. Si en política gobiernan los más fuertes, los más ricos o los más demagogos, no hay manera de hacer un sistema de gobierno justo. Él pensaba que se puede saber en política, que se puede hacer ciencia en política (y en todo), pues Sócrates le había enseñado que se puede llegar a hacer definiciones de la valentía o de la justicia que valen para todos y todos aceptarían. Además, los pitagóricos le habían enseñando que en matemáticas también hay ciencia, un conocimiento exacto, válido para todos e inmutable. Por tanto, su punto de partida es que podemos hacer afirmaciones que son verdaderas para todos y que siempre serán verdaderas. Ahora bien, si en el mundo material en el que vivimos todas las cosas están en continuo cambio, de ellas no podemos hacer ciencia, es decir, verdades eternas inmutables, por lo que del mundo material sólo tenemos opiniones cambiantes. Entonces, ¿a qué mundo se refieren nuestras verdades eternas? Tiene que haber otro mundo donde los seres sean perfectos e inmutables. A los seres de ese mundo Platón les llamó “ideas”. Para explicar esto Platón inventa el maravilloso relato de la caverna; en él se ve cómo la mayoría de la gente cree que lo único que existe es el mundo material y dedica toda su vida a acumular riqueza y placeres, que no son más que meras sombras, copias malísimas de la auténtica realidad, las ideas. Para Platón la vida ética y la felicidad consisten en conocer la ideas y en renunciar a creer que los sentidos son los que nos enseñan la verdad de las cosas, así como en dedicar la vida a la auténtica sabiduría que nos proporciona el intelecto; vivir consiste en desatarse del mundo material, dejar las preocupaciones materiales, y trabajar por y para el conocimiento de las ideas; hacer una política justa consiste en saber qué es la idea de justicia para luego aplicarla en el mundo sensible en que vivimos. Cuando muramos, nuestro cuerpo se deshará, pero nuestra alma irá a la región eterna de las ideas que es su auténtico lugar y no este mundo material.

En la sociedad hay tres tipos de personas: los que destacan por su sabiduría, los que por su fortaleza y los que por sus apetitos. Un estado estará bien gobernado si los que mandan no son los fuertes (los militares) o los que buscan los placeres y el dinero (los ricos), sino los sabios, los filósofos. Cada grupo social tiene su función y su virtud. Los filósofos deben ser sabios y deben gobernar. Sólo los que conocen la idea de justicia o la idea estado pueden gobernar. Los fuertes deben ser los guardianes de la ciudad y su ejército; los que se guían principalmente por sus apetitos deben ser comerciantes, labradores, artesanos...; deben dedicarse a producir riqueza y vivir de ella. Parte de esta riqueza tiene que ser utilizada para el mantenimiento de los filósofos y los guardianes, pues Platón, como pensaba que la riqueza era la causa de toda la corrupción política, había afirmado que ni filósofos ni guardianes podrían tener propiedad de nada; así no tendrían tentaciones de robar nada del Estado. Las principales virtudes de la política son: la sabiduría, en los gobernantes; la fortaleza, en los guardianes, la templanza, en el resto de la sociedad y, por último, la armonía entre las tres clases, armonía que Platón llamaba “justicia”, es decir, que cada uno desempeñe bien su propio trabajo y coopere con las otras clases por el bien de la ciudad. La principal tarea del estado sería una educación que separase a los hombres según el alma que predomina en ellos y que les educase a cada uno para ajustarse a su función. Así la vida política y social sería justa y no volverían a suceder cosas tan lamentables como la muerte de Sócrates.

 

 4. Expón la filosofía de Kant.

Kant (1724-1804) vive en el siglo de la Ilustración, lo que para él significa que la Humanidad ha salido de la minoría de edad y se emancipa, y quiere hacer una ética apropiada a ésta. Esto significa para él una moral autónoma: el hombre debe darse a sí mismo la ley moral y no hacer el bien porque otro le pueda premiar o castigar, lo que no es muy moral, sino más bien algo infantil. Una moral ilustrada es también una moral racional, basada en razones y no en meras tradiciones pasadas o en lo que nos dictan nuestros sentimientos y apetitos. En tercer lugar, una moral ilustrada es una moral universal: Kant tenía la firme convicción de que todos los seres humanos somos iguales y los deberes morales deben ser para todos los mismos.

El camino que recorre Kant para construir su moral ilustrada empieza con el análisis de la moralidad: ¿en qué consiste ser moral? Empecemos pues, analizando en qué consiste la moralidad. Si nos ponemos a analizar qué significa el término “bueno” (“bueno” y “malo” son los términos propios de la moralidad), veremos que, aunque lo aplicamos a muchas cosas (un buen coche, una buena comida, la inteligencia es buena, una buena salud…), sólo una cosa merece ser llamada “buena” con todo derecho: la intención. En primer lugar, los objetos no son ni buenos ni malos, porque no son seres humanos y no pueden hacer nada por ser buenos o malos; son lo que son y no tienen ninguna culpa de ser así. Tampoco podemos decir que la inteligencia, la salud, la fortaleza o la riqueza son buenas sin más. Pues si se utilizan para el mal, son malas. Lo único a lo que se puede decir “bueno” sin restricción es a la intención, o a la voluntad, como a veces la llama Kant. Ahora bien, ¿cómo sé que mi intención es buena? Kant aquí hace una distinción. Podemos obrar contra el deber; por ejemplo, un comerciante que cobra precios abusivos. O podemos obrar conforme a deber por inclinación; por ejemplo, si el comerciante decide cobrar precios justos pero sólo para tener más clientes. O podemos obrar por deber; por ejemplo, si el comerciante no piensa en su beneficio y en sí mismo y sólo piensa en cobrar el precio justo. Kant dice que tenemos buena intención cuando obramos por deber. Si pensamos todo lo que acabamos de decir, nos damos cuenta de que tener buena intención es dejar de lado todas las cosas particulares (nuestras circunstancias particulares, nuestros sentimientos particulares…) y quedarnos sólo con lo universal. Así descubrimos el primer principio moral: Obra de tal manera que puedas querer que la máxima de tu acción se convierta en una ley universal.

Kant hace otro argumento para llegar a otro principio moral. Sería el siguiente. Todas las cosas que perseguimos con nuestras inclinaciones y todas las cosas que satisfacen nuestras necesidades tienen un valor condicionado, dependen de una condición; por ejemplo, si no hiciera nunca frío en ningún sitio del mundo, los abrigos de visón no tendrían ningún valor. Así que todas las cosas tienen un valor relativo (depende de si se dan algunas condiciones), es decir, las cosas tienen precio. Pero los seres humanos, por ser seres libres y racionales, no son ningún medio para alcanzar un fin, no tienen precio, tienen dignidad, tienen un valor absoluto. Al pensar esto nos damos cuenta del principio moral: Obra de tal manera que trates a la humanidad, tanto la que hay en ti como la que hay en cualquier otro, siempre a la vez como fin y nunca sólo como medio. Aplicando estos principios a los problemas morales que tengamos, podemos resolverlos. Estos principios se basan en los valores de la universalidad y la imparcialidad, por un lado, y en la dignidad de la persona humana, por el otro.

 

5. Analiza la vigencia de las ideas del texto en la actualidad

Creo que estas ideas de Habermas son bastante vigentes en la actualidad. La idea de resolver los conflictos éticos mediante un diálogo en el que participan todos los afectados es algo que, por ejemplo, se intenta aplicar en los comités éticos de los hospitales. Hablamos también de diálogo social para resolver los conflictos de intereses entre empresarios y trabajadores. Hay multitud de foros mundiales en los que se abordan diversos problemas como la discriminación de la mujer, la pobreza en el mundo, los choques de culturas, los conflictos religiosos, las guerras… En todos los casos se intenta generalmente que participen todos los afectados, porque se entiende que sin la participación de todos, el consenso al que se llegue no tiene ninguna validez.

Sin embargo, ya es más difícil pensar que, cuando se dan estos diálogos, todos los participantes, como dice el texto, salgan de su propia posición para incluirse en la posición del otro. Lo que vemos es que muchos diálogos fracasan precisamente porque los participantes no han estado dispuestos a ponerse en el punto de vista de los otros. Así que podríamos decir que esta idea de Habermas en la actualidad es más un ideal que una realidad vigente. Pero los ideales son necesarios también, porque nos señalan la meta hacia la que tenemos que caminar y nos sirven para criticar los defectos de lo que ahora tenemos. Una mezcla de realismo e idealismo es necesaria en los asuntos éticos. Cuando representantes de las naciones del mundo dialogan, por ejemplo, sobre la pobreza en el mundo, es difícil que los países ricos, que hablan desde una posición, no de igualdad, sino de fuerza, incluyan la posición de los pobres y acepten repartir los bienes de manera que haya al menos un mínimo de bienes para todos los hombres para llevar una vida humana y una igualdad de oportunidades. Pero si el fruto de la reunión es una clara mejoría en los países pobres, aunque siga habiendo problemas y personas que diariamente mueran de hambre y cosas similares, es normal que estos países firmen el acuerdo. Aquí es donde entra un aspecto de las ideas de Habermas: ellos no se conforman con la cruda realidad y en el próximo debate seguirán buscando mejorar para acercarse al ideal de un diálogo igualitario donde los ricos sean capaces de ponerse en la piel de los pobres y lograr un acuerdo que pueda ser igualmente bueno para todos.

 


Esta página se actualizó por última vez el 18/03/2010