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1.
Vida, obra y anecdotario.
Nace en el 640 a. C. (primer año de la Olimpiada 35ª), y muere entre los
años 548-545 a. C. (durante la 58ª Olimpiada). Aunque nace en Mileto, de
Examio y Cleobulina, Heródoto[1]
le adscribe una ascendencia fenicia.
Pocos datos se conocen de su vida. Se menciona un aprendizaje en Egipto.
Pero no es claro que el viaje sea un dato real. Hay que considerar que
Egipto era considerado para los griegos un centro de sabiduría. De modo
que, entendido por la tradición que Tales era sabio, el aprendizaje en
Egipto puede entenderse como una explicación popular de la sabiduría de
Tales.
Su
fama de sabio es tal que encabeza la lista de los siete sabios de
Grecia. De él se menciona[2]
que se dedicó inicialmente a la política, dejándola por la filosofía
natural en la que fue su primer practicante[3].
Como político abogó por unir las colonias jónias en un solo consejo,
proponiendo radicarlo en Teos, ya que la ciudad se encontraba en el
centro de Jonia[4].
También se opuso a una alianza con el rey lidio Creso[5].
Fue
también geómetra y astrónomo.
Se
menciona que introduce la geometría, aprendida de los egipcios, en
Grecia. Los egipcios la utilizaban de un modo práctico, debido a la
necesidad de refijar las lindes de las tierras, borradas por las
periódicas crecidas del Nilo[6].
Tales, preocupado por las demostraciones, la hará disciplina teórica, y
realizará demostraciones como la del teorema que lleva su nombre. En
aplicaciones prácticas se le atribuye la medición de la altura de las
pirámides a través de la sombra[7],
y un procedimiento para establecer la distancia de las naves en el mar[8].Como
astrónomo se le adjudica la predicción de eclipse que tuvo lugar el 28
de mayo del año 584 a. C., durante una batalla entre medos lidios[9].
También la teoría de que el sol, y los astros, eran como la Tierra pero
inflamados[10].
Llamó la atención a los navegantes griegos sobre la Osa Menor, o carro,
una de cuyas estrellas, la polar, siempre apunta al Norte;
tradicionalmente la navegación jonia se guiaba por la Osa Mayor para la
navegación costera, de mayor brillo, pero rotación más amplia que la
Menor[11].
También se menciona que logró desviar parte del caudal del río Halis
para que pudiera atravesarlo el ejército de Creso[12].
Explicaba las crecidas del Nilo considerando que los vientos etesios, al
soplar en la desembocadura del Nilo en dirección contraria al río,
producía la entrada de agua marina en el río impidiendo que éste pudiera
verter su agua en el mar, produciendo el desbordamiento de las márgenes[13].
Parece que no dejo escritos, aunque algunos le adjudicaban
Sobre el
solsticio y Sobre el equinoccio[14],
y también Astronomía Náutica[15].
Dentro de su
anecdotario particular destacan dos historias. En la
primera Tales cae en un pozo, durante su estudio de los astros, al ir
mirando hacia arriba, y una criada tracia se burla de que quisiera
conocer las cosas del cielo y no advirtiera las que tenía junto a sus
pies[16].
La segunda historia es como si quisiera ser la respuesta de Tales a la
criada tracia. En ella se muestra a Tales que, harto de que se le
injurie por su pobreza e inutilidad de la filosofía, sabiendo por sus
conocimientos astronómicos que habría una excelente cosecha de
aceitunas, alquila en invierno todas las almazaras (prensas de aceite)
de Mileto y Quíos, como lo hace en invierno lo hace sin competencia y a
bajo precio. Cuando llegó el buen tiempo, y con él la cosecha, las
alquiló al precio que quiso enriqueciéndose, y mostrando que los
filósofos, si no se enriquecían, no era por incapacidad, sino por
desinterés por tales asuntos[17].


2.
Doctrina filosófica.
Las
noticias acerca del pensamiento filosófico de Tales proceden de las
citas de Aristóteles.
Aristóteles achaca a Tales considerar que la Tierra flota sobre el agua[18],
siendo ésta el arjé de todas las cosas[19].
Hacer del agua el principio de todas las cosas era una teoría de vieja
raigambre mitológica. En diversas mitologías, como la babilónica o la
judaica, el agua es presentada como un principio primigenio y caótico de
la que nace la Tierra. También la concepción Egipcia da un papel
preponderante al agua. Una idea muy similar se lee en la Iliada, donde
se hace a Océano padre de todo:
“A cualquier otro
de los sempiternos dioses podría yo fácilmente hacer dormir, incluso a
las corrientes del río Océano, que es la génesis de todas las cosas”[20]
“Pues voy a ver los
límites de la fértil tierra, a Océano, generador de dioses y a la madre
Tetis”[21]
La
novedad de Tales está en entender esa agua no como un ser divino con
voluntad propia; es decir, no de una manera mítica, sino en considerarlo
como el principio natural del que todo sale.
Aristóteles entiende a Tales desde su propio marco de pensamiento
filosófico. Y así, adjudica al agua ser la sustancia arjé, de la que
sale todo y a la que todo vuelve. Sin embargo, es plausible pensar que
el pensamiento de Tales esté intentando dar explicación al mismo
problema al que los mitos señalados intentaban responder; ese problema
es el problema del origen, y no exactamente, el problema del cambio, que
es el que Aristóteles ha heredado y en el que se desenvuelve. De manera
que el papel del agua, en Tales, más bien guarde una relación parecida a
la que los primates guardan con el género humano; es decir, el agua
sería el origen de la Tierra, de donde esta procede, sin por ello
mantener que la Tierra sea, en realidad, agua. En cambio, Aristóteles,
más parece preocupado en el problema del cambio, entiende la teoría de
Tales como una posible solución a su problema, el del cambio, y así
supone que el agua es la realidad que subsiste, inmutable, por debajo
del aparente cambio.
“Pues bien, la
mayoría de los filósofos primitivos creyeron que los únicos principios
de todas las cosas eran los de índole material; pues aquello de lo que
constan todos los entes y es el primer origen de su generación y el
término de su corrupción, permaneciendo la substancia pero cambiando en
las afecciones, es, según ellos, el elemento y el principio de los
entes. Y por eso creen que ni se genera ni se destruye nada, pensando
que tal naturaleza se conserva siempre, del mismo modo que no decimos
que Sócrates llegue a ser en sentido absoluto cuando llega a ser hermoso
o músico, ni que perezca si pierde estas maneras de ser, puesto que
permanece el sujeto, es decir, Sócrates mismo. Así, tampoco se genera ni
se corrompe, según estos filósofos ninguna de las demás cosas; pues
dicen que siempre hay alguna naturaleza, ya sea una o más de una, de la
cual se generan las demás, conservándose ella.
Pero en cuanto al
número y a la especie de tal principio, no todos dicen lo mismo, sino
que Tales, iniciador de tal filosofía, afirma que es el Agua (por eso
también manifestó que la Tierra estaba sobre el Agua); y sin duda
concibió esta opinión al ver que el alimento es siempre húmedo y que
hasta el calor nace de la humedad y de ella vive (y aquello de donde las
cosas nacen es el principio de todas ellas). Por esto, sin duda,
concibió esta opinión, y porque las semillas tienen siempre la
naturaleza húmeda y por ser el Agua, para las cosas húmedas, principio
de su naturaleza.
Según algunos,
también los primeros autores de cosmogonías, antiquísimos y muy
anteriores a nosotros, opinaron así acerca de la naturaleza. Hicieron,
en efecto, al Océano y a Tetis padres de la generación, y testigo del
juramento de los dioses, al Agua, la llamada por ellos [los poetas]
Estigia. Pues lo que más se respeta es lo más antiguo, y aquello por lo
que se jura es lo que más se respeta. No es seguro que ésta sea
efectivamente una opinión primitiva y antigua sobre la naturaleza; pero
se dice que Tales se expresó así acerca de la primera causa (pues a
Hipón nadie pretendería incluirlo entre éstos, por el escaso valor de su
pensamiento).”[22]
Una
segunda teoría que Aristóteles adjudica a Tales haría que éste
considerase que la naturaleza se encuentra viva y animada[23];
seres aparentemente inanimados, como el imán, son capaces de hacer mover
al hierro, mostrando así que tienen alma[24].
No
está claro si Tales piensa que la naturaleza, de un modo global y
general, está viva y animada, o si piensa que cada ser natural es una
vida independiente y animada distinta.


3.
Bibliografía.
-
Los filósofos
presocráticos I, Gredos, Madrid 1986 (1978); edición de Conrado
Egger Lan y Victoria E. Juliá.
-
Los
filósofos presocráticos, Gredos, Madrid 1981 (1970); edición de
G. S. Kirk y J. E. Raven.
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